viernes, agosto 11, 2006

Tomando velocidad de crucero

TOMANDO LA VELOCIDAD DE CRUCERO

Víctor Maldonado


La prueba de la consistencia

Una de las pruebas más importantes por la que están pasando los actores políticos, en esta etapa, es el de la consistencia de sus acciones. Tanto los partidos como el gobierno se encuentran realizando una fuerte actividad. Lo importante ahora es saber si están en condiciones de adaptar comportamientos colectivos y mantener la coherencia en sus presentaciones.

Hemos visto que nada de esto es fácil. Los partidos están volviendo a hacer noticia por las relaciones internas entre sus líderes y diferencias internas. Esto sólo ocurre cuando las posiciones en una organización se encuentran en ajustes y acomodos.

Cuando una tienda política tiene varios liderazgos proyectables, bien puede caer en la tentación de comenzar a hacer públicos sus matices y diferencias de opinión. No por las diferencias en sí mismas sino por las disputas por posiciones internas más o menos ventajosas, en beneficio de alguno de sus protagonistas.

Siempre hay que tomar en cuenta que las diferencias son pan de cada día en los partidos. Pese a esto, estos conflictos “de baja intensidad” no habían trascendido a la opinión pública excepto, por supuesto, en momentos de definición de directivas. Ahora está ocurriendo y esta es una señal clara de un cambio en el clima político prevaleciente.

En parte por lo anterior, en parte porque ya no basta con quedarse en posturas genéricas, están apareciendo temas de alto interés ciudadano, en los que se necesita tomar posición y los partidos están produciendo más de una. Algunos están respondiendo agrupados por tendencias antes que como colectivos. Esto genera una tendencia a la dispersión de mensajes públicos que pueden llegar a ser nociva.

Lo que necesita el sistema democrático son partidos políticos fuertes, no tendencias irreductibles a una disciplina común.

Los partidos se mantienen como tales, cuando las discrepancias internas reconocen límites, respetados por todos.

Nunca se recordará lo suficiente que los partidos se fortalecen desde el momento mismo en que comienzan a cuidar de sus figuras públicas. Atacarlas debiera ser la especialidad de los adversarios, no de los que comparten la misma militancia.

Que la gente decida en el momento oportuno

No son las organizaciones políticas las llamadas a dirimir por anticipado quienes tienen mayor adhesión entre los ciudadanos. Al revés, su misión más propia es la de facilitarle una amplia exposición de sus líderes mas reconocidos, a fin de que sea la aprobación externa más alta y sostenida la que dirima entre buenas opciones.

Cada vez que una tienda política intenta sancionar por anticipado entre sus rostros más competitivos, comente un error flagrante. Mucho más cuando algunos de los competidores buscan ganar ventajas tratando que algún otro pierda puntos o quede descalificado por secretaría.

Es más que preferible que los partidos busquen evitar entrar en una dinámica de promoción diferenciada de personeros. Cada cual sabe cuándo y cómo se entra en estas espirales, pero no se conoce por anticipado en qué se suele desembocar. Construir un partido demora años, desordenarlo es cuestión de semanas.

En todo caso, este no es el momento indicado para gastar energías en las tensiones internas. Esto por la sencilla razón que las tensiones entre partidos están a la orden del día y requieren ponerle toda la atención posible.

En un escenario tan dinámico y complejo como el descrito, es imprescindible que el gobierno muestre un comportamiento de equipo.

No son los ministros en forma aislada los que pueden enfrentar los conflictos en curso, si no es porque están actuando en representación del Ejecutivo considerado como un todo, y son defendidos por sus colegas en forma coordinada.

En este sentido, la naturaleza de la función de gobierno y la evidente jerarquización de sus funciones no puede responder a una lógica de segmentos ni al predominio de individualidades.

Desde esta perspectiva, es evidente que el gobierno ha ganado mucho en el último tiempo en capacidad de gestión práctica. Ha estado enfrentando conflictos en diversos frentes sin ser sobrepasado.

De hecho, en una misma semana se ha tenido que hacer cargo del conflicto con los alcaldes de Chiloé, los huelguistas del cobre, las protestas en Lota, las manifestaciones estudiantiles de los secundarios, las movilizaciones de allegados, las presiones del sector salud, y las turbulencias en el parlamento.

Pocas cosas más complejas para una administración que el enfrentar diversas tensiones sin coordinación entre sí, pero que sumadas pueden generar un efecto de conjunto desestabilizador. Pues bien, estas situaciones complejas se han presentado en los mismos días, pero están encontrando una contención adecuada. Incluso, lo más duro de la polémica por el puente sobre el canal de Chacao ha sido enfrentado y resuelto.

Sin embargo, lo que muestra una recuperada capacidad de conducción es el hecho que el procesamiento de los conflictos nos ha consumido el tiempo y la dedicación del gobierno y en particular de Bachelet.

Por el contrario, se está ganando terreno. Bien puede ser que en los últimos días hayan sido los mejores en cuanto a posicionamiento de Chile en relación con los países vecinos. Afianzada la relación con Perú, despejado el camino para las negociaciones con Bolivia, sea firma un acuerdo comercial con Ecuador y se está a las puertas de un tratado de libre comercio con Colombia. Nada de mal para unos pocos días en los que fructifica el trabajo sistemático y perseverante en nuestras relaciones exteriores.

Un gobierno “en régimen”

La mantención de líneas coherentes de comportamiento actúa por acumulación. No producen resultados por un lento pero sostenido efecto agregado. No alteran la realidad de la noche a la mañana pero terminan por imponerse. Y, sobre todo, lo que producen son efectos perdurables que escapan a las variaciones de temporada.

Los datos conocidos permiten evaluar las tendencias gruesas. En términos generales, el actual gobierno fue recibido con expectativas altísimas y amplios niveles de apoyo. A esto le siguió la aparición de conflictos con manejo deficiente y una secuencia de caída es el respaldo. Ahora la información disponible nos permite afirmar que la caída se detuvo y la tendencia bien puede cambiar a la recuperación de apoyo.

Es bien posible que el cierre adecuado de los conflictos en tratamiento, permite consolidar esta nueva tendencia. Al menos, lo que se percibe es un diferente nivel de control de la situación y ningún conflicto en desborde.

Así que la administración Bachelet ha entrado “en régimen” y a su velocidad de crucero en el terreno propio de la gestión pública.

Pero eso no ha de bastar. Las dificultades se están trasladando de escenario. Antes las dificultades parecían estar instaladas a nivel de gestión y de manejo; ahora es el apoyo político y las relaciones con y entre partidos los que deben ser cuidados.

De manera que no se puede cantar victoria, pero se tiene la oportunidad de consolidar posiciones. Junto con ello, habrá llegado el momento del despliegue de iniciativas de envergadura.