viernes, diciembre 18, 2009

Los siete mensajes de Frei

Los siete mensajes de Frei


Las apariencias engañan

Hay que recordar siempre que en nuestro sistema no gana la Presidencia el que queda mejor posicionado en primera vuelta. El que gana es quien logra obtener la mitad más uno de los votos válidos.

Por eso, la competencia está abierta y tanto Frei como Piñera pueden ganar el 17 de enero y ello puede ocurrir por un margen estrecho. Visualmente, la lucha parece desigual y a favor del empresario RN, pero ni con eso está todo resuelto.

Ya hemos tenido dos elecciones anteriores definidas en dos vueltas y eso debiera acostumbrarnos a ver las cosas en perspectiva, comparando los datos anteriores con los resultados del 13 de diciembre.

Lo que más salta a la vista es que, sea con uno o dos candidatos, la derecha obtiene en primera vuelta alrededor de 3 millones cien mil preferencias. El peor resultado ha sido el conseguido ahora por Piñera.

En seguida, si se compara la votación parlamentaria de la oposición con la presidencial, lo que se ve es que ella es extraordinariamente coincidente. Lo que ha sucedido es que la derecha completa, sin divisiones y sin dudas, ha votado por su candidato ya en primera vuelta.

Incluso si se compara la última encuesta CEP con los resultados electorales vemos que ellos coinciden casi por completo, excepto en una variación importante. Se espera un Enríquez Ominami en el 22 por ciento de los votos y a Piñera en el 42 por ciento. Lo que terminó por ocurrir es que MEO perdió dos puntos y el empresario los obtuvo.

Quienes seguían las encuestas de los comandos habían detectado una baja de las preferencias del diputado, pero no se sabía hacia dónde se dirigían. Lo que se supuso fue que Arrate captaría más votos, ya que había sido un candidato sólido, elocuente, con gran desempeño en televisión.
No fue así, la votación de los derechistas por MEO estaba “volviendo a casa”, y eso es bueno y malo para Piñera: Bueno porque se le ve por ganador en la oposición y malo porque disminuye los que se agregan a su opción el 17 de enero.

Frei, en cambio, puede crecer y mucho. Queda espacio para crecer en el mismo mundo de la Concertación, puesto que los candidatos parlamentarios del conglomerado suman más que lo obtenido por la derecha. Puede crecer hacia el Juntos Podemos, quienes han tenido la comprobación práctica que la exclusión podía ser derrotada y lo fue efectivamente. Y puede crecer hacia el votante MEO, definiéndolo todo un porcentaje acotado que puede decidir abstenerse o votar.

En las ocasiones anteriores la derecha ha llegado a tres millones y medio de votos. La Concertación a tres millones setecientos mil preferencias.

La derecha unida le gana el progresismo fragmentado, pero la centroizquierda unida es más que la derecha unida. La recomposición de un conglomerado representativo del progresismo es sinónimo de triunfo electoral, y eso es algo que se debe lograr en pocas semanas.

Las adaptaciones de segunda vuelta

Para poder ganar hay que producir cambios de precisión en la forma como se ha trabajado. Ha terminado una etapa de la campaña que, en el caso de la candidatura de Eduardo Frei ha tenido algunas notas distintivas.

Antes que nada, se puede comprobar que, hasta el 13 de diciembre, la campaña de Frei centró su esfuerzo en la promoción de las cualidades personales del candidato. Lo que se mostró fue un estadista con experiencia, capacidad de conducción, y honradez a toda prueba. Una persona que nos puede asegurar que se vivirá mejor en el futuro próximo.

En seguida, es evidente que el discurso de campaña fue el de la continuidad de Michelle Bachelet. No podía ser de otro modo tratándose de la mandataria más popular de nuestra historia y de un gobierno bien evaluado. Todavía ha sido más necesario cuando la derecha ha tratado de mimetizarse con el legado de la Concertación.

Otra característica ha sido la desigual relación de las campañas parlamentarias específicas con la campaña presidencial. La autonomía de movimientos fue la regla en el caso de las competencias en distritos y circunscripciones, lo que en muchos lugares se expresó en una menor visibilidad de Frei.

Por último, el comando oficialista fue el único que hizo noticia en cuanto comando, tuvo una rotación de figuras que adquirieron figuración en distintos períodos, pero que nunca dieron cuenta del total de las funciones del comando.

En un tiempo increíblemente breve, las variaciones y mejoras en estos puntos muestran cuanto se ha potenciado la opción Frei. Si se quiso dedicar los días siguientes a realizar los cambios necesarios sin duda se logro.

La segunda vuelta está siendo tratada como una elección distinta. Habiéndose superado la etapa de la pluralidad de candidatos que enfrentaban a la derecha, los ajustes de precisión que se están implementando pueden ser bien especificados.

En primera vuelta todos votamos por el candidato que más nos gusta; ahora votaremos por el país que más nos gusta y en contra de aquello que no queremos que le ocurra. De aquí al 17 de enero se necesita que la campaña centre el esfuerzo en destacar el país que queremos construir con la mayoría progresista. El lema de esta etapa ha sido bien escogido “Todos por Chile, todos por Frei”, aunque aun sería más convocante para lo que se necesita que adhieran a la candidatura si la frase terminara con un “todos con Frei”, puesto que para votar por él no se necesita atribuirle dotes extraordinarias sino la legitimidad de conducir a la mayoría.

En esta etapa, entonces, el discurso ha de centrarse en la gobernabilidad que le puede dar a Chile una nueva mayoría. La mayoría ciudadana ha de ser mayoría en las urnas y expresarse en el nuevo gobierno. Tiene que ser un discurso aceptado por los seguidores de tres candidaturas, quienes ven recogidos sus planteamientos complementarios con los de Frei. El mensaje de los ciudadanos en primera vuelta es muy simple: únanse y renuévense.

Por eso también ahora corresponde comprometer sumar al conjunto de liderazgos políticos y sociales más significativos, porque el descontento de muchos es también el maltrato y la queja de dirigentes que quieren recomponer lazos, a condición de un buen trato y abrir mucho el abanico de los que deciden y mejorar el modo como se decide.

En fin, el comando ha de expresar visiblemente los rostros y la imagen del Chile que se quiere construir. Eso implica un ejercicio de generosidad política porque implica que muchos, con meritos y trayectoria de sobra, dan tres pasos para atrás a fin de que destaque una nueva generación. Eso implica que a algunos se les escoge para ser voceros y los demás nos gratifican con su inestimable silencio. Implica, también, que los políticos mejor dotados hacen el trabajo interno y le otorgan a la campaña la coordinación interna del conjunto de los esfuerzos que tanto se necesita.

Toda esta adaptación estratégica quedó expresada en las principales ideas del discurso de Eduardo Frei en el court central del Estadio Nacional:

1. El progresismo es mayoría en Chile. En las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias, los chilenos demostraron con sus votos que las fuerzas progresistas son superiores a las de la derecha.
2. Estamos abiertos a otras fuerzas políticas. Vamos a sumar y no restar.
3. Hay muchas semejanzas políticas y programáticas entre las distintas fuerzas progresistas del país. Vamos a sumar esas visiones e invitar a todos los chilenos porque vamos a construir un gobierno para todos los chilenos.
4. Un gobierno de la derecha sólo beneficiará a unos pocos. No se trata de agredir a nadie, pero hay dos visiones de Chile. La mayoría de centroizquierda derrotará al poder del dinero.
5. La candidatura del progresismo representa el único camino para continuar las políticas sociales impulsadas por la Presidenta Michelle Bachelet, mantener el respeto hacia las minorías y darle estabilidad al país.
6. Somos herederos de una gran historia. Recibimos el legado de los presidentes de la Concertación, de Presidente Aylwin, del Presidente Lagos y de la Presidenta Bachelet.
7. Reafirmamos nuestros grandes compromisos con Chile. La primera tarea que vamos a hacer será impulsar una educación pública de calidad. Vamos a implementar una reforma laboral, un cambio al sistema binominal y tendremos una nueva Constitución.

viernes, diciembre 11, 2009

Cuando el país queda en primer lugar

Cuando el país queda en primer lugar

Víctor Maldonado

Los líderes emergentes también se encuentran en los municipios y tendrán un nuevo espacio en las elecciones de consejeros regionales. En fin, todo cambia, pero no todo perdura; al final, los que se apresuran demasiado en llegar no tardan tampoco en salir sin dejar huella ni continuidad.



La dispersión como actor

La mayoría ciudadana no experimentará esta elección presidencial como la persistencia en una opción inicial, que se mantiene desde el principio. Muchos tendrán que cambiar de candidato en segunda vuelta. Para una importante cantidad de ciudadanos, Eduardo Frei es una opción a la que se llega, no una opción con la que se parte.

Este tipo de aproximación a los candidatos en disputa ha dado ese particular ambiente despolitizado que ha tenido como nunca este período electoral. Decisiones personales de votar por un candidato se ven en todas partes, fervor por la opción asumida, en ningún lugar.

Las típicas discusiones familiares por las preferencias cruzadas entre presidenciables, antes temidas por el efecto que pudiera dejar en la convivencia, se han mantenido en esta oportunidad en el decoro más exquisito.

Nunca antes se había tomado la primera vuelta como una expresión ciudadana tan libremente asumida. En las conversaciones cotidianas es frecuente escuchar que el voto es empleado para apoyar al candidato que más gusta, pero que en segunda vuelta no se tienen dudas de votar “como se debe”, es decir, confluyendo.

Pero está claro que la pasión no aflora por ninguna parte, y hasta las candidaturas alternativas a los bloques mayoritarios parecen haber iniciado una especie de letargo.

Los únicos que parecen escapar al tono general son los directamente involucrados en las campañas parlamentarias emblemáticas. Y, aún así, tanto en las regiones de Valparaíso y del Maule, el foco de atención se concentra en la competencia al interior de los bloques y casi no han existido roces dignos de mención entre la Concertación y la Alianza.

El gran actor de la primera vuelta en la centroizquierda no es un candidato, sino la dispersión. Al aparecer una segunda candidatura -con personas que originalmente se identificaban con el oficialismo-, ello provocó en la práctica que se legitimara desde muy temprano la pluralidad de opciones para el entorno menos militante entre quienes no se identifican con la derecha.

Si la disciplina no era la norma de conducta que guiaba la acción de las personas más activas en política, entonces cada cual tenía licencia para expresar sus puntos de vista o, al menos, su descontento en los más diversos ámbitos.

Por eso ha ocurrido que la dispersión ha sido la nota característica fuera de la derecha y la oposición ha estado permanentemente presentando un frente unido tras una candidatura presidencial sin competencia en su zona de influencia.

Nadie sabe para quién trabaja

Hay que decir que la derecha siempre consideró este escenario como el ideal para alcanzar el poder. Siempre consideraron sus estrategas que la victoria les vendría de la partición en partes iguales del otrora oficialismo. Mantuvieron esta creencia hasta el momento en que se dieron cuenta de que ellos mismos estaban siendo permeados por la alternativa que indirectamente fomentaban.

Ahora ya no es el tiempo en que podamos saber si el efecto de una tercera candidatura con importante respaldo ciudadano fue más contraproducente para el oficialismo o para la oposición. Elementos de juicio hay para pensar cualquiera de las dos cosas.

A nivel parlamentario es claro que la tercera opción resultara perjudicial para la Concertación. Ocurre que los candidatos al Congreso presentados por Enríquez-Ominami casi siempre perderán sus respectivas elecciones, salvo un par de casos. Pero en distritos muy importantes habrán evitado que se produjera un doblaje progresista. En otras palabras, y sin atribuir intenciones de ningún tipo, lo que habrá pasado a nivel parlamentario es que esta opción permitirá a varios aspirantes de derecha llegar al Congreso.

A nivel del sistema político esto tendrá una mayor repercusión todavía: es posible que el próximo gobierno, sea cual fuere, se constituya en el primero que parte su mandato sin contar con una mayoría que lo respalde en el Congreso. Por eso el Presidente que asuma en 2010 tendrá una vida muy dura desde el inicio, sin luna de miel, con múltiples partidos en recomposición, y con demandas sociales renovadas tras darse por superada la crisis económica internacional. Por eso no faltan los que piensan que un tema recurrente para la administración entrante no será simplemente el cumplimiento de su programa, sino el esfuerzo constante por asegurar la gobernabilidad del propio sistema.

El significado de la candidatura presidencial de MEO tiene múltiples enfoques. Desde luego, un sistema bipolar entre dos grandes bloques está siendo rebasado desde hace un tiempo, y ésta no es más que una de sus expresiones.

Pero también ocurre que la organización del descontento habrá tenido una vía de tratamiento de conflictos que se venían larvando y que no lograron aflorar hasta ahora. Esto puede ser considerado un aporte. Lo que es notorio es la necesidad de una renovación política general. De otro modo no se explica que el electorado haya sido tan comprensivo con una opción que se presentó como más dinámica y original que coherente y sistemática.

Sin embargo, hay que adelantar que la candidatura de Enríquez-Ominami ha dejado en la trastienda un fenómeno más profundo y contundente de renovación generacional y de cambio en el modo de practicar la política cotidiana.

Al término de esta campaña, el Senado experimentará una renovación notable en sus integrantes y el promedio de edad de los recién llegados será sensiblemente inferior a los que partan. También en la Cámara de Diputados se consolidan figuras ya fogueadas y llegan otras de interesante futuro. Es decir que la renovación se estaba produciendo de antes y seguirá después de esta campaña, sea como fuere que le vaya al candidato más joven pero con menos seguidores electos de que tengamos memoria.

Cambiar o perdurar

Los líderes emergentes también se encuentran en los municipios y tendrán un nuevo espacio en las elecciones de consejeros regionales. En fin, todo cambia, pero no todo perdura; al final, los que se apresuran demasiado en llegar no tardan tampoco en salir sin dejar huella ni continuidad.

Quizá por todo lo anterior sea entendible lo que ocurre con el electorado. El momento de la decisión no llegará sino en el momento de la segunda vuelta, donde lo único que esté en juego sea el destino del país y todo lo demás ya haya tenido oportunidad de expresarse, decirse y asimilarse.

Por eso la elección no será lo único importante que pase el domingo 13. Antes del fin de la jornada se habrá vivido otro hecho decisivo. Y es que la derecha sabe que no le basta con que Sebastián Piñera llegue primero en los cómputos de primera vuelta. Lo que tiene que hacer para ganar es que la televisión muestre que ese triunfo es inapelable, contundente y sin vuelta atrás. Lo que intentará es apabullar al resto con una representación cinematográfica de un candidato que ya ganó. “El cambio ya llegó” será el lema de fondo de esa noche. Y la fiesta -que no escatimará recursos en la producción- tratará de ser memorable.

De lo que se trata es que a los demás no les queden ganas de “seguir concursando” y generar el efecto de identificarse con el ganador seguro.

Por su parte, la Concertación también se jugará fuertemente su opción en las primeras horas tras conocerse los cómputos. Todo depende de cómo el candidato se dirija al país en el primer momento. Esa noche, Frei tiene que ser más que Frei. Tiene que hablar como el candidato de brazos abiertos que ha sido escogido en las urnas para convertir una mayoría ciudadana en mayoría en las urnas. La derecha no habrá ganado ni se ha de convertir en mayoría sólo porque puede inundar una ciudad de globos, serpentinas y el sonido de cornetas de cumpleaños.

Lo que se ha de mostrar esa noche es la firme voluntad, la serena fortaleza, de que la decisión sigue en manos de los ciudadanos. Porque si todos votan, porque si votan más que los que han sufragado en la primera oportunidad, porque si la mayoría se expresa, entonces se puede vencer. Al final, no sólo importará el resultado numérico, la entereza también cuenta.

viernes, diciembre 04, 2009

Mayoría ciudadana, mayoría en las urnas

Mayoría ciudadana, mayoría en las urnas

Víctor Maldonado

Lo que se sabe, desde ya, es que no bastará la apelación al carisma de los contendores para dirimir la disputa. Si así fuera, eso ya se hubiera expresado en la primera vuelta. Más bien, lo que quedará patente es que en la primera oportunidad habremos votado por el candidato que más nos gusta y, en la segunda oportunidad, tendremos que optar por el tipo de país que más nos gusta.


La competencia continuará abierta

La primera vuelta de estas elecciones terminará sin un ganador obvio. Lo que se podrá decir la noche del próximo domingo es que hay dos candidatos en competencia, voto a voto, hasta el recuento final.

Los resultados no dejarán despejada la incógnita principal, sino que entregará tareas políticas y electorales perentorias para dos competidores reales: Piñera apostará todo a dar la imagen de triunfo asegurado, para hacer de esta imagen una realidad de la mano de los que apuestan a ganador; Frei se jugará por atraer el voto progresista, en todas sus facetas, con una campaña de brazos abiertos a las ideas, acentos y rostros de las candidaturas fuera de competencia.

No será verdad que aquel que esté primero en las preferencias iniciales esté más cerca del triunfo. Esta competencia se define por el que consigue la mitad más uno de las preferencias. Si el que tiene un porcentaje mayor de votos (al inicio) tiene poco más a que echar mano en el repechaje y, por el contrario, su contendor resulta ser una opción aceptable para los que tienen que decidir, entonces será este último el que se imponga.

En otras palabras, si los candidatos están en el porcentaje de adhesiones que les conocemos, Piñera ganará si y sólo si, en segunda vuelta, una fracción importante de los votantes de Enríquez-Ominami y Arrate se van para la casa; y ganará Frei si ellos deciden volver a las urnas y optan por marcar preferencia en vez de anular su voto.

Dicho de otra forma, Piñera gana si convence al país de que la opción real está entre cambio y continuidad y ya optó por el cambio, dado que su contendor está separado de él en primera vuelta. Por el contrario, Frei gana si convence a los votantes de que el 13 de diciembre quedó demostrado que la derecha es minoría en Chile y que la convergencia de los progresistas (es decir, de la mayoría) los volverá a vencer una vez más.

Como se puede ver, ambas maneras de presentar un mismo resultado tienen sustento. Así también, terminar por imponerse en poco más de un mes tiene importantes dificultades para ambos postulantes.

Lo que se sabe, desde ya, es que no bastará la apelación al carisma de los contendores para dirimir la disputa. Si así fuera, eso ya se hubiera expresado en la primera vuelta. Más bien, lo que quedará patente es que en la primera oportunidad habremos votado por el candidato que más nos gusta y, en la segunda oportunidad, tendremos que optar por el tipo de país que más nos gusta. Por eso no es poco lo que está en juego.

Lidiando con el descontento

Estando así las cosas, Piñera insistirá en su apuesta inicial y será Frei quien tenga que hacer un giro para atraer a las urnas a una mayoría progresista. Esto implica una apertura generosa, el reconocimiento de insuficiencias y la asimilación del descontento que ha tenido expresión política en esta oportunidad.

Los adherentes a Enríquez-Ominami tendrán que superar una cierta frustración antes de optar. Romper los grandes bloques y ganar pareció posible en un tramo de la competencia y eso no se olvida de buenas a primeras.

Las limitaciones e insuficiencias no resultaron ser un patrimonio exclusivo de los demás. La habilidad para dar cauce al descontento no es sinónimo de la habilidad para poder estabilizar el apoyo y darle proyección en el tiempo.

En realidad, lo que hemos visto en las últimas semanas es el peso que tiene la consistencia política, la experiencia acumulada y la presencia territorial de un fuerte contingente de voluntarios.

No sólo la Presidencia resulta un terreno inapropiado para la improvisación, tampoco lo es el tramo final de una campaña presidencial. No todo puede ser sobrevuelo comunicacional, tarde o temprano hay que llegar a terreno para instalarse en él. Si no se consigue, entonces lo que sucede es que se pierde terreno conquistado en medio del entusiasmo.

Algo de esto es lo que le está pasando a la candidatura de Enríquez-Ominami, quien ha desarrollado una campaña de indudables méritos, pero también de notorias carencias. Que sostenga una alta votación es producto de los aciertos propios, pero también de los errores de sus contendores. Sin embargo, la carencia de estructura está pasando la cuenta a un candidato que se tiene que sobre-demandar para cubrir la ausencia de institucionalidad de apoyo.

Sólo el cansancio acumulado puede explicar la reacción del diputado ante las declaraciones de Frei sobre el próximo esclarecimiento de la muerte de Frei Montalva: “A mi padre lo acribillaron y yo jamás he utilizado su figura para conquistar adhesiones”. En una campaña pasan muchas cosas y se dicen muchas más, pero lo que definitivamente no puede ocurrir es que empecemos un concurso para saber quién ha sufrido más y cuál es la muerte más atroz cometida en el pasado.

En política, el orden de los factores sí altera el producto. La creación de un referente en esta etapa de la carrera -como la a medias anunciada “Nueva Mayoría El Copihue”- es terminar en lo que debiera haber sido el principio. Como sea, lo que ocurra en el futuro con esta posible organización política va a depender de sus adherentes y de nadie más. Habrá que encontrar puntos de confluencia que rebasen la coyuntura y no reducir lo principal a un estado de ánimo colectivo ni a un líder.

En realidad, la prueba de fuego para MEO es la de mantener cierta disciplina en sus filas en una segunda vuelta en la que él no participará como protagonista. Pasar esta prueba es bien difícil si se toma en consideración un dato básico: la heterogeneidad del apoyo actúa positivamente en campaña pero se torna un factor negativo al momento de negociar o de maniobrar.

Mi segunda mejor opción

La recolección de apoyos de derecha, de izquierda, de no matriculados y de personas aún por clasificar o imposibles de clasificar, sólo resiste el éxito para poder mantenerse. Pero si debe escoger una “segunda mejor opción disponible”, entonces salta por los aires una unidad que no es tal, porque las confluencias de coyuntura nunca se han caracterizado por tener sólidos ensambles.

Cuando cada cual llega por las más diversas razones, cada cual se va por los más diversos motivos. Algunos, los más entusiastas y menos informados, los que esperaban la caída de los muros de Jericó al primer trompetazo, se sorprenderán de las dificultades y volverán a su apatía inicial. Otros son de derecha y, propiamente, no es que vuelvan, sino que nunca han salido de allí. Los de más allá son y se sienten de centroizquierda, son críticos de la Concertación, pero no se les pasará por la mente dejarle el poder a la Alianza.

En todo caso está quedando claro que construir es mucho más difícil que criticar y que establecer un nuevo referente puede hacerse de muchas maneras distintas. Concordar la forma concreta que adopte el movimiento requiere un gran esfuerzo. En realidad, este paso no se desarrolla sin pérdidas ni rupturas.

No es difícil mostrar descontento con la Concertación, pero para producir su reemplazo no basta sólo con tener el propósito.

En política, algunos pueden pasar todo el tiempo entusiasmados con un liderazgo y, durante una campaña, la imagen puede reemplazar a los contenidos. Pero llegará un momento en que hay que pronunciarse y escoger entre alternativas. Porque los líderes que perduran se prueban en el decidir y en el optar.

Es con esta realidad con la que tendrá que lidiar Frei y su reconformado comando. Probablemente lo más importante no sea apelar a los que encabezaron el descontento, sino a los descontentos mismos. Por eso no será la arrogancia ni la autosuficiencia lo que permitirá ganar. Habrá que apelar a lo que nos une y a una opción compartida de país. Sólo de esta forma la mayoría ciudadana progresista se convertirá en mayoría en las urnas.

viernes, noviembre 27, 2009

Acoger y confluir

Acoger y confluir

Víctor Maldonado

Un número decisivo de electores tendrá la inclinación de la balanza, optando entre mantener el castigo o dar una nueva oportunidad a la coalición encabezada por Frei.


Ratificando líneas

Da la impresión de que las candidaturas presidenciales están marcando y remarcando los puntos que ya les conocemos. Por eso será difícil que nos entreguen sorpresas en lo que queda de campaña.

No es para menos. La información sobre los candidatos, tanto de su lado humano como político, ya se ha entregado en lo fundamental. En lo sucesivo no es posible esperar mayor atención ciudadana sobre un material que ya empieza a ser redundante.

Como es natural, cada quien está insistiendo en sus posibilidades de pasar a segunda vuelta, pero es como si ya no quedara más que terminar con la parte del proceso para el cual todos tienen libreto.

Todos quieren preparar la segunda vuelta y saben que, para tomar las medidas del caso, se necesitan los primeros resultados y, sin embargo, si alguien espera conocerlos habrá perdido miserablemente el tiempo. Es decir, cada cual tiene que anticipar resultados para responder oportunamente, pero si se han equivocado en sus predicciones, habrán hecho un poco efectivo ejercicio de imaginación política.

A lo anterior hay que agregar que las principales diferencias no se encontrarán a nivel programático (al menos no las más importantes al decidir el voto), ni siquiera en aquellos puntos que se anticipaban como los más conflictivos.

Así, por ejemplo, como todas las campañas presidenciales han optado por poner el acento en avanzar hacia una sociedad más tolerante y más consciente de su diversidad, lo que importa ahora es más la credibilidad de los proponentes que las diferencias en lo que se propone, al menos en lo relacionado con la agenda valórica.

La credibilidad que importa es tanto la del candidato como la de los partidos que lo respaldan. Por ejemplo, en el caso de la derecha, es importante responderse algunas interrogantes básicas: ¿se ha sometido la UDI al liberalismo valórico de Piñera? ¿Tendrá el gremialismo capacidad de veto en un gobierno de la Alianza? ¿Renunciarán los herederos de Jaime Guzmán a sus convicciones más reiteradamente declaradas? ¿La campaña es una tregua de conveniencia entre posiciones irreductibles? Hasta ahora todas estas dudas siguen vigentes.

El segundo aspecto que estará pesando al terminar la vuelta inicial es la capacidad de llevar a cabo el programa que se declara como el mejor para el país. Importa sostener propuestas que tengan respaldo en la propia coalición y también que ellas tengan consenso mayoritario.

Hasta ahora sólo la Concertación ha mostrado fehacientemente esa capacidad desde el gobierno, los demás sólo pueden comprometerse a hacerlo.

La renovada capacidad de acogida

Pero la similitud de los desafíos llega hasta aquí. Porque la derecha sabe que tomará la delantera el 13 de diciembre, por lo cual no tiene razón suficiente para convertir al comando en un tema de discusión. Por lo demás, no hay a quién más integrar, salvo a individualidades de última hora.

En cambio, para la Concertación, la reorganización del comando y el giro en la campaña es un tema obligado. En cualquier circunstancia hay que ampliar la convocatoria y abrirse a otras ideas y perspectivas.

Esta renovada capacidad de acogida ha de ser obviamente visible en los rostros de primera línea. Reitero que esta necesidad política se hace presente aun cuando el resultado obtenido en las urnas sea evaluado como muy positivo, tanto a nivel presidencial como parlamentario.

Además, la reestructuración es obligatoria, porque enfrentar la segunda vuelta requerirá de una amplia capacidad de adaptación a realidades muy diferentes a lo largo del territorio nacional.

En efecto, el resultado general no se diferenciará mucho de lo que nos señalan las encuestas. Pero eso no significa que el resultado sea parejo localidad tras localidad.

Habrá lugares donde los resultados obtenidos estén por sobre el promedio y otros en los que ocurra al revés. En cada caso se tendrá que actuar distinto. Habrá que producir acuerdos, reconocer liderazgos, sumar personalidades influyentes, superar incordios dejados por la competencia parlamentaria, agregar al esfuerzo nacional una importante cantidad de cuadros calificados que han estado abocados casi en exclusiva a obtener una victoria regional o provincial.
En fin, este esfuerzo de confluencia ha de ser rápido y requiere de conocimiento de personas y de territorios concretos, mucho trabajo y poco reconocimiento personal.

Descontento y rectificación

Un aspecto muy importante a considerar, y que no se había enfrentado en oportunidades anteriores con igual amplitud, es la desarrollada capacidad crítica de los electores. La mayor criticidad de los votantes no tiene nada de malo, pero hay que saber responder a ella.

En opinión de los exigentes electores de hoy, la forma como se hace política, en general, así como la opinión sobre conglomerados y partidos, deja mucho que desear. Esto, por supuesto, incluye a la Concertación, pero también a la derecha. A las candidaturas que han buscado expresar este descontento -perceptible en el ambiente cotidiano- no les ha ido mal y han mantenido un apoyo estable hasta la etapa más intensa de la campaña.

Ésta es una realidad, pero por sí misma no define el resultado final de la contienda. Todo depende de cómo se reaccione desde el instante mismo en que se conocen los resultados.

Puede que, a la postre, la expresión organizada del descontento sea algo positivo y digerible para la Concertación. De hecho, en esto radica su posibilidad de ganar. Hay que entender que descontento y rechazo no son lo mismo, al menos no lo son para una amplia mayoría de quienes se identifican con la centroizquierda.

Lo contrario de la adhesión no es el descontento, sino la indiferencia. El que está disgustado con la Concertación espera que ella reaccione adecuadamente para tomar su decisión final.

Se puede optar por otras alternativas presidenciales que quedan en el camino, y todavía querer expresar un “voto castigo” a la Concertación en la oportunidad siguiente o, por el contrario, se puede considerar que ya ha sido suficiente con la señal que se ha dado. En otras palabras, el “voto de castigo” puede ser asimilado durante el proceso electoral.

En el momento crítico, un número decisivo de electores tendrá en sus manos la inclinación de la balanza, debiendo optar entre mantener el castigo o darle una nueva oportunidad a una coalición encabezada por Frei.

A su vez, la decisión de estos ciudadanos va a depender de cuán convencidos lleguen a estar de la capacidad concertacionista de enmendar su conducta. En otras palabras, en la misma noche del 13 de diciembre el país va a estar atento a la respuesta de Frei al mensaje recibido en las urnas. De la sintonía con el sentido común predominante dependerá lo que termine por ocurrir. La elección no se definirá antes.

viernes, noviembre 20, 2009

Por el país que quiero

Por el país que quiero, contra lo que no nos gusta

Víctor Maldonado


Ya no quedan más debates

El último debate presidencial dejó incólumes las opciones presidenciales de Frei y de Piñera. Arrate apoyó a Frei y emplazó efectivamente a MEO; Piñera mantuvo la ambigüedad respecto de la política y los negocios; Frei estuvo bien en las preguntas difíciles y tuvo dificultades en preguntas fáciles y esperables.

Pero el debate dejó las cosas como estaban y lo que puede variar ha de asociarse ahora a la presencia en terreno, antes que a los mensajes entregados por los candidatos a través de los medios de comunicación.

Sobre las franjas de televisión se podrá conversar mucho, pero lo cierto es que la calidad de ellas no han resultado desequilibrantes para ninguna candidatura presidencial, por lo cual no están alterando los datos básicos que ya conocemos.

Al final lo que queda es que se siguen despejando las dudas sobre el resultado de primera vuelta y continua aumentando la incógnita de lo que ocurrirá en la segunda oportunidad. Sacar conclusiones acertadas de dos elecciones bien diferentes entre sí, a partir de lo que los electores dicen antes de que concurran a las urnas en diciembre.

En cambio, ha comenzado a perfilarse el modo como se entiende la disyuntiva que se enfrentará cuando queden solo dos contendores en carrera.

El debate presidencial dejó en claro lo que está en juego en estas elecciones: tanto para Frei como para Arrate lo importante es ganarle a la derecha y, en opinión de ambos, hay que sumar fuerzas en segunda vuelta tras el candidato que enfrente a Piñera.

Valida esta forma de presentar la definición fundamental el hecho de que el empresario de RN no haya podido o no haya querido separar a tiempo la política de los negocios. En los hechos, lo que parece guiar al abanderado de derecha es la idea de que “sólo me separo de mis negocios si gano”. Aunque esta solución es bien representativa de un comportamiento característico de Piñera, lo cierto es que más corresponde a la actitud de un especulador que a la de un Presidente.

En segundo lugar, con cierta lentitud (y eso no habla bien de las candidaturas principales), se ha ido imponiendo la convicción de que al mando de la nación se ha de tener un Presidente, un amplio equipo y un programa bien definido a ser cumplido y exigido.

La presidencia no se improvisa y, más allá de las virtudes que se pueden demostrar en el desarrollo de una campaña, hacerse cargo de la nación es algo distinto de entretenerla.

En tercer lugar, si dentro de las tareas importantes que se demandan del próximo gobierno está la de descentralizar el poder, entonces la concentración del poder en pocas manos resulta ser perjudicial para la democracia. Sigue siendo cierto que “no da lo mismo quien gobierne” y que, al final, más que por el candidato que más se adapta a nuestros gustos personales, e incluso más allá de la coalición a la que se apoya, lo que va a ser determinante será el tipo de país que más nos gusta y el tipo de gobierno que más desagrade a la mayoría.

Acuerdos según propósito

Hay que preparar con tiempo y dedicación todo lo que viene, pero no hay que dedicarse a conversar por la prensa todas las ideas que se nos pasen por la cabeza, dando señales equívocas a los propios adherentes.

El que se adelanta demasiado a las tareas propias del tiempo de segunda vuelta, demuestra que no está abocado por completo a los desafíos del momento político.
Es más, una forma de distraer esfuerzo es anticipar debates que solo tienen sentido si se gana la primera vuelta y con un margen en crecimiento de la votación.

Por supuesto, la idea de distraer esfuerzos en polémicas laterales y de poca monta parece ser el papel que se le ha asignado a la prensa más adicta a Piñera. En sus páginas no se deja pasar un día sin que se ponga en titulares el motivo de discordia que le ofrecen, como presente griego, a la Concertación: presencia del candidato presidencial en la franja televisiva de los partidos; participación del PC en el próximo gobierno; nota puesta por Frei al gobierno de Allende, etc.

De todas las discusiones sin piso ni sentido de la oportunidad, la más desorientada es la incorporación a un posible gabinete de Frei del partido comunista.

No hay nada peor que ponerse a debatir algo que ni siquiera han pedido los supuestos interesados. A la Concertación le ha ido bien proponiendo alianzas acorde al acuerdo político que se requiere alcanzar. Si lo que se requiere es un acuerdo nacional, entonces se convoca a todos, incluida a la oposición de derecha. Si lo que se requiere es un pacto contra la exclusión, entonces el acuerdo es con los excluidos.

De manera que lo que manda al momento de concertarse es el propósito político compartido que se busca. Ciertamente, si el próximo gobierno se propone implementar varios acuerdos nacionales relevantes, esto ha de ser respaldado por una mayoría política y parlamentaria capaz de dar soporte a esfuerzos colectivos de amplia magnitud.

En todo caso, ha de quedar claro para todos que la mejor manera de acercar posiciones en segunda vuelta es obtener el mayor número de votos posible en la primera oportunidad. Mientras más evidente es la ventaja electoral del segundo respecto de quienes le siguen, más fácil es producir diálogos y entendimientos entre actores que tienen disímil respaldo en votos.

Un gobierno para la mayoría ciudadana

Muchos seguidores de Enríquez-Ominami han visto demasiado cerca el triunfo como para que se acomoden fácilmente a un tercer lugar. Sin embargo, lo que los ha llevado a esta meritoria posición ha sido una reacción ciudadana que nada tiene que ver con las directrices de una cúpula en formación. Perder la sintonía con esta base es la mayor equivocación a evitar por los líderes circunstanciales de hoy. Por lo mismo, en su momento no habrá que apelar de preferencia a una cúpula heterogénea sino al sentido común de los ciudadanos que optaron, en primera instancia por esta alternativa presidencial.

Por lo anterior, hay que asegurar la coherencia en las acciones que se emprenden en campaña y mantenerse fieles a las prioridades que se deciden marcar. En el caso de la franja de Eduardo Frei, lo que se hace es poner el acento en el cambio de vida conseguido en Chile durante los gobiernos de la Concertación y en su proyección futura. Es esto lo que se quiere validar mediante la exhibición de testimonios reales.

El mensaje de fondo consiste en argumentar que ningún candidato puede gobierna solo, que no se trata de una aventura personal y que la política se hace en equipo. Porque cambiar un país, darle gobernabilidad y ampliar sus conquistas sociales, son empresas colectivas.

De momento, lo que se pone de relieve es lo sustantivo que aporta la Concertación a la candidatura: su soporte partidario en la base social, un importante liderazgo local, el respaldo parlamentario, el respaldo que significa darle continuidad a un gobierno que cumple y la existencia de personalidades de prestigio internacional.

Lo que el oficialismo quiere lograr es marcar la diferencia mediante la movilización de todos los componentes de la Concertación. Con ello persigue que su candidatura quede avalada por los hechos, por lo obrado, por representar a una coalición que ha hecho promesas que se han convertido en realidad.

En otras palabras, hace rato que la candidatura de Eduardo Frei está apelando a canalizar los resultados de lo que consigue la centroizquierda unida, más allá de las preferencias personales por tal o cual liderazgo específico. Esta es la línea central a profundizar en segunda vuelta.

viernes, noviembre 13, 2009

Se trata de dos elecciones distintas

Se trata de dos elecciones distintas

Víctor Maldonado


Guardando las distancias

Este no es un buen momento para los acercamientos, porque las candidaturas parecen empeñadas en tomar distancia unas de otras. Pedir que se comportaran de otra forma sería ir contra la corriente, porque si hay un momento en el que deben competir resueltamente, es ahora.

Esto rige hasta la primera vuelta, porque la situación en segunda vuelta será completamente distinta, tanto que se puede pensar que se trata de dos elecciones distintas más que un evento principal más un complemento.

Incluso los que habían evitado polemizar entre sí, decidieron hacer un giro en ciento ochenta grados. De este modo y por primera vez, Piñera atacó directamente a Enríquez-Ominami, lo que quiere decir que sabe que, un porcentaje minoritario del diputado volverá a él en segunda vuelta y nada más.

Esto quiere decir que la derecha está dudando seriamente de sus posibilidades de un triunfo “seguro”, puesto que si un candidato no crece no puede recoger votos suficientes desde otras opciones, ya no hay a donde más recurrir.

El gesto confrontacional de Piñera significa, además, que el empresario se va a jugar todas sus fichas a tratar de romper el estancamiento de su apoyo, que ya parece más una maldición que un dato. La encuesta CEP ha ubicado al empresario prácticamente donde mismo estaba antes en apoyo, y eso no lo puede dejar tranquilo.

Lo que le queda por intentar es imponerse antes que convencer, o, como dice Longueira (no sé si con buena o mala intención), “nuestro desafío es mantener la sensación de triunfo”. Por supuesto, como todos entenderán, mantener una “sensación” es de lo más difícil cuando no se están obteniendo avances concretos.

En el fondo, si sigue estancado y si no da razones para evitar la fuga de votos hacia otros, va camino a perder. Y él lo sabe incluso mejor que sus adversarios.

Es el mismo senador UDI el que descubre todas las cartas de la oposición al develar la cifra que tiene en menta como aquella que les permite seguir con posibilidades de llegar a La Moneda: “Tenemos que concentrarnos en retomar un mensaje para que Sebastián pase a una segunda vuelta con 45 puntos”. Por cierto estas declaraciones fueron hechas antes de la encuesta CEP, y es una afirmación exacta. El problema está, desde ya, en que, sin no se consigue tal cifra, lo lógico es pensar que la meta está en peligro y la famosa “sensación de triunfo” se habrá ido al despeñadero.

Pero todas las maniobras que se derivan de tener que enmendar conducta tienen que pagar costos. En este caso las pérdidas no son menores, si se toma en cuenta que en su libro, MEO sólo hace alusiones positivas de Piñera y no encuentra nada bueno que decir de Frei.

En retribución, el candidato de la Alianza lo ataca en su punto débil: el desconocimiento de su pasado. Típicamente MEO no contesta el tema de fondo, sino que agredió a su adversario. Como sea, el distanciamiento ya se produjo y generará consecuencias.

Ni la derecha ni MEO van a innovar

La CEP confirmó más que sorprendió a la Alianza. Cuando un candidato altera drásticamente su línea de conducta es porque algo no está funcionando. En esta ocasión las buenas noticias le habían llegado a Piñera nada menos que desde El Mercurio, Es la encuesta de este medio, que le es completamente adicto, el que le informa que el cuadro político no se ha movido absolutamente nada entre octubre y noviembre, y que el abanderado de la derecha sigue pagado en el 38%.

Por supuesto, en su estilo particular, el matutino informa que “se mantiene el empate técnico entre Frei y Enríquez-Ominami”, a sabiendas que su estudio no incluye el sector rural, el más fuerte de Frei.

La encuesta CEP actuó como una fuga de datos internos del comando de Piñera. Desde hace un tiempo saben que tienen que hacer algo más para asegurar el triunfo –tan cerca y tan lejos a la vez- y, sin embargo, no hay fuerza política suficiente para poder hacer algo más. Si se opta por marcar opciones más liberales en lo valórico se rebelará parte del gremialismo más fundamentalista, y si se sigue con un programa tan obvio y estándar se pueden producir fugas pequeñas por desencanto. Pero como el riesgo es algo al innovar, se seguirá como ahora.

Quiero insistir en que todo lo fundamental estaba definido antes de la última encuesta, que alentó o preocupó a los comandos, pero no cambio su curso de acción establecido.

En la candidatura de MEO, uno de sus asesores, Carlos Feres ha dicho en las palabras más sencillas cómo es que están enfrentando la campaña. Ahora, en primera vuelta, el objetivo está claro: “Nuestro principal escollo es ganarle al segundo más fuerte. Y en ese sentido, Frei es la primera posta”. La receta para imponerse en segunda vuelta es igual de sencilla: “Decimos “la derecha no” y ya está hecho”. Tiene toda la razón, ya está hecho, sea que sean ellos no que se impongan o si lo logra Eduardo Frei. Puesto que si la definición de fondo consiste en presentarse como una alternativa a la derecha, ello será igualmente válido en cualquier caso, no solo en el triunfo.

Es evidente que la tentación de converger e iniciar algún tipo de negociaciones ya se ha hecho presente en el comando independiente. Esto ha dado lugar a los primeros golpes de autoridad por parte de Enríquez-Ominami, algo que hasta ahora no había sido necesario realizar.

En un intento por disciplinar al candidato ha dicho que “vamos a pasar a segunda vuelta. Quien se aparte de este camino y esté buscando negociaciones, no es parte del comando. Se entiende la llamada al orden pero, ¿y qué ocurrirá cuando el paso a la segunda vuelta quede clausurado?

Tras la última encuesta, MEO se ha confirmado en su curso de acción procurando presentarse como la mejor alternativa para enfrentar a Piñera en una segunda vuelta a la que no llegará seleccionado.

Frei puede crecer

La velocidad de crucero de la candidatura Frei se alcanzó en las últimas semanas. Esto quiere decir que tiene margen para crecer y ello depende de la movilización de esta campaña. Puede aumentar su apoyo, ampliando el uso del dialogo y el contacto en terreno.

En el caso de Frei ocurre algo bien interesante, y es que las acciones emprendidas por sus partidarios son más de aquellas que se planifican centralmente desde el comando.

Algunos dudan de la fuerza de la Concertación, pero es evidente que una candidatura que no se caracteriza por su amplia movilización de recursos económicos, ha conquistado una indudable presencia en terreno por la movilización de sus voluntarios.

En varios lugares importantes, la propaganda, los mensajes cotidianos y la salida a la calle son organizadas con autonomía y es autofinanciada por los mismos adherentes. De modo que la campaña de Frei es mucho más que el comando de Frei. En esto está residiendo uno de los aspectos más relevantes del mayor dinamismo que ha adquirido la candidatura en las últimas semanas.

Por otra parte, es también evidente que, siguiendo el ejemplo de la Presidenta Bachelet quienes están en el gobierno y se identifican con la Concertación, son parte activa de quienes apoyan al candidato único del conglomerado.

Con lo que hoy hace, Frei pasa a la segunda vuelta, pero para ganar esta segunda elección tiene que ampliar su convocatoria, el diálogo con diversos sectores y la capacidad de agregar demandas. La Concertación ha hecho esto antes con éxito. Pero, en esta oportunidad, tendrá que hacer este giro en tiempo record, con unidad de mando y sin vacilaciones. Si lo logra, puede “ganar por nariz”.

viernes, noviembre 06, 2009

Cuestión de temple

Cuestión de temple

Víctor Maldonado


Las cuentas alegres

Ya sabemos que la derecha espera obtener la Presidencia, no tanto porque consiga los votos suficientes en diciembre próximo, sino porque espera que sus contendores tengan una votación tan parecida uno respecto del otro, que la transferencia de votación entre ellos -al nivel que se requeriría- sea casi imposible de lograr.

De este modo, Piñera espera triunfar producto de la confluencia de sucesos: obtener en primera vuelta una buena votación propia; que se produzca una votación pareja de sus adversarios; y que le baste con el regreso al redil de una minoría significativa de los votos de Enríquez-Ominami en segunda vuelta.

Es más, hasta hace poco, la derecha no sólo esperaba que estos acontecimientos terminaran por verificarse en los hechos, sino que estaba convencida de que ya todo indicaba que era el inevitable resultado al que nos encaminábamos. Ahora ha perdido esa confianza.

La oposición se ha estado preparando todo este tiempo para un triunfo fácil y holgado. Debieron sospechar antes que no podía ser cierta tanta maravilla. Prepararse sólo para el mejor escenario es siempre un problema.

El diseño de la campaña de Piñera es de aquellos que se pueden explicar muy bien en un pizarrón, pero que nunca se concretan del modo como sus diseñadores esperan. Simplemente esperan demasiado de una gran concatenación de errores de los adversarios, sumado a una casi nula capacidad de los demás de establecer sus propios cursos de acción.

La derecha va a descubrir que lo que termine ocurriendo en el país no lo va a definir nunca en solitario.

Lo más probable es que la primera vuelta termine en un resultado que aumente el dramatismo del desenlace, porque no habrá quién pueda asegurar cómo es que terminará el proceso. Sin lugar a dudas se requerirá tener los nervios bien templados cuando quede en evidencia que la competencia se hace tan reñida que todo puede suceder.

Yo creo que, a la hora del temple, a la derecha le resultará muy difícil soportar la tensión. Y eso la llevará a cometer más errores.

No es que la Concertación y Frei sean congénitamente mejores. Es que tienen plena conciencia de que están recuperando terreno, y eso predispone el ánimo de manera distinta.

Hijos del rigor

La Concertación basa su opción no en los cálculos sino en el trabajo constante. Sabe que enfrenta una competencia difícil, el mismo Frei dice que ganará “por nariz” (es decir, estrechamente) y sabe que, en forma inédita, se encuentra en segunda posición en la llegada inicial. En estas circunstancias, para la centroizquierda, ganar en forma ajustada es un escenario alentador, que la motiva a realizar su mejor esfuerzo. Sabe que todo lo tendrá que ganar a pulso, que no puede esperar “sorpresas” que le alivien la carga y que, por lo tanto, no ha de tomarse recreos en ningún momento.

Se equivoca quien vea a la Concertación como una coalición en continuo desgaste. Cuando un conglomerado en el poder se apoltrona, pierde capacidad de reacción, y cuando le viene un desafío de primera magnitud, se paraliza. Éste no es el caso.

A lo menos desde la campaña de Ricardo Lagos en adelante, la Concertación ha enfrentado elecciones en las que ha podido ser derrotada. Y siempre ha sabido reaccionar. En la confianza está el peligro, pero la Concertación nunca ha podido confiarse en demasía, porque la posibilidad de perder ha estado siempre presente. Desgaste hay, pero capacidad de reaccionar, también.

Y por si fuera necesario, en los momentos más importantes, la derecha ha sabido prodigar esos maravillosos ejemplos de insensatez política que le permite enterarse, hasta al menos astuto, el por qué es necesario no dejarse derrotar.

Por supuesto, en la oposición el más peligroso personaje del propio sector es el que, al mismo tiempo, sufre de incontinencia verbal, representa los prejuicios más acendrados y tiene tan alto concepto de sí mismo, que le permite combinar el insulto con la tontería y con la altanera naturalidad del clasista redomado.

Ese papel, aglutinador de los que simplemente respetan a los demás, lo representa Carlos Larraín, el presidente de RN. Para este singular personaje, la elección presidencial se definirá entre dos tipos de seres bien diferentes: “El gobierno tiene un núcleo de votantes amaestrados, así como perritos de circo, ellos sacan a sus perritos de circo a la calle y nosotros, en cambio, contamos con atraer ese voto suelto, medio bonachón y desinteresado, que a la hora de irse de vacaciones o quedarse a votar, prefiere irse de vacaciones”.

Aquí tenemos a la derecha en gloria y majestad. Es la voz interna que les dice que las diferencias no son políticas, son genéticas. Es lo que expresaba a fines del siglo XIX Eduardo Matte Pérez: “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”. Es lo que expresaba bien un latifundista a fines de la década del 30 en el siglo XX, al referirse a sus peones: “A veces me parece que somos hijos de distintas evas”. Es la diferencia entre humanos y humanoides de la dictadura, que ahora se expresa en humanos bonachones y “perroides”, podríamos decir.

Si la Concertación gana esta elección presidencial le deberá mucho a personas como Larraín. En el momento oportuno supieron poner de relieve las diferencias de fondo, mostraron que los nostálgicos de un pasado remoto existen y pueden hacer mucho daño desde el gobierno, e hicieron aparecer las diferencias en la centroizquierda como cuestiones menores y superables. Un gran aporte, sin duda.

Pero el otro factor a considerar es el trasvasije desde el apoyo de MEO a Frei.

Para constituir una nueva mayoría

No creo que sea ningún misterio el curso de acción más probable que quiera adoptar la candidatura de Enríquez-Ominami, en el esperable caso de que sea Frei quien pase a la segunda vuelta. Lo que va a hacer son dos cosas: buscará institucionalizar su apoyo electoral y dejará en libertad de acción a sus adherentes.

Lo anterior no requiere una capacidad particularmente perceptiva hacer de las intenciones de este actor político. No por nada la lista parlamentaria de esta opción se denomina “nueva mayoría para Chile”. Es esta intención refundadora la que dominará los ánimos, aun en el momento de la decepción de no seguir en competencia. Por eso, también, no resulta raro escuchar a Enríquez-Ominami afirmar en estos días que “Piñera y Frei son de derecha”, es decir, que en el fondo son lo mismo, y no hay por qué tener una preferencia por uno de ellos al quedar fuera de la competencia.

Pero esta aparente neutralidad no es del todo neutra. Declarar libertad de acción en segunda vuelta, sin más, es lo mismo que decir que las alternativas en juego dan lo mismo. Todo esto es lo más beneficioso que pueda esperar la derecha que suceda.

Buscar la renovación del sistema político es legítimo. Pero hay que tener una posición desde la cual ubicarse para incidir en las decisiones políticas. Ubicarse en la centroizquierda e incluso tratar de liderarla, no es compatible con dar el pase a Piñera.

Si Frei se impone limpiamente en primera vuelta para enfrentar a la Alianza, hay que reconocerle su mejor derecho para establecer una amplia mayoría nacional. Lo que las urnas no da, la frustración no entrega. Los líderes abandonados son los líderes que no saben definirse bien y a tiempo.

Simplemente hay que poner los intereses del país por delante de los intereses grupales o personales. Para asegurar que este convencimiento se imponga entre los votantes que definirán la segunda vuelta, la Concertación ha de ampliar la distancia que hoy ya tiene de MEO. Puede que esta tendencia aún no quede reflejada en la encuesta CEP que aparecerá la próxima semana, pero el despliegue del oficialismo será tan sistemático como efectivo.

En fin, el resultado final seguirá siendo un enigma hasta contar el último voto en segunda vuelta.