viernes, noviembre 18, 2005

Los troyanos devuelven el caballo

Los troyanos devuelven el caballo

Ahora debiéramos creer que, en dos meses, la derecha se ha convertido en mayoría (lo que no ha sido en décadas). La oposición es hoy mal evaluada, el Gobierno goza de apoyo. Perdón, pero no calza.


Cuando se marcan las tintas

Entramos en la recta final de la campaña. Ya las encuestas más importantes se han dado a conocer y el debate presidencial se produjo. Es el momento de los últimos ajustes. Es cuando cada cual se pregunta, ¿hemos seguido el camino correcto?, ¿tenemos que producir cambios importantes en la forma cómo enfrentamos la elección?

En el caso de la candidatura de Michelle Bachelet es importante dar una respuesta lo más rigurosa posible. Para eso hay que ponderar adecuadamente los antecedentes de que disponemos. Se pueden separar los datos fundamentales de aquellos que merecen dudas.

Parece fuera de discusión el hecho de que entramos en una etapa competitiva de la campaña presidencial; que la derecha ha vuelto a su nivel acostumbrado de apoyo, que la candidata de la Concertación representa un respaldo similar al que despierta el conglomerado de Gobierno, y que nadie ganará simplemente por quién es, si no por lo que haga y refuerce en estos días. En este cuadro, la posibilidad de volver a votar en enero se presenta como el escenario más probable.

Lo que parece más dudoso son los giros bruscos de apoyo. No por una especie de barrera mental, que pongamos frente a una cierta evolución de la campaña. Más bien ocurre que los datos no guardan consistencia y relación entre sí. Y me refiero a todos los datos disponibles.

Tal vez éste sea el período de campaña en que más encuestas (de todo tipo) se hayan hecho. La elección parlamentaria ha permitido un chequeo anexo y al día, como no se había tenido antes en ningún otro momento. Además, los datos aportados por esta amplia y siempre renovada base de información se actualizan con frecuencia. Y el cuantioso volumen de información disponible no cuadra con la última encuesta CEP, en algunos aspectos importantes, justamente aquellos que han tenido más difusión.

Lo que se constata en el conjunto de datos conocidos son dos cosas: primero, que el desempeño de la Concertación en la elección parlamentaria es simplemente promisorio. El conglomerado de Gobierno está doblando en más lugares que en la parlamentaria anterior; segundo, y en complemento con lo anterior, Bachelet está igual o mejor que Ricardo Lagos en iguales circunstancias en 1999 en los distintos puntos del país.

Lagos superó estrechamente a Lavín con un Gobierno en baja, con una economía en mal momento, bajas expectativas y temores sobre su desempeño.

Ahora debiéramos creer que, en dos meses, la derecha se ha convertido en mayoría (lo que no ha sido en décadas). La oposición es hoy mal evaluada, el Gobierno goza de apoyo, Lagos está en su momento estelar, la economía se encuentra bien, el empleo está en alza, las expectativas son buenas y la continuidad se ve como deseable. Perdón, pero no calza.

Nunca en tan poco tiempo, nunca sin crisis de por medio. Es como si se hubieran marcado demasiado las tintas.

Bienvenida realidad

Pero no es lo más significativo. Las encuestas son medios, instrumentos que se usan para apoyar la toma de decisiones. Cuando una o dos no bastan para orientarnos, empleamos el conjunto de la información de que disponemos.

Sin embargo, no hay apoyo que libre de la necesidad de decidir y de optar.

Lo que se está detectando es una baja moderada de la candidata en punta, y la aparición conciente de una duda.

En los momentos de incertidumbre no hay que titubear. Los cambios drásticos de estrategia denotan nerviosismo, mientras que los ajustes precisos y las acciones de refuerzo terminan por recuperar la confianza y la iniciativa.

Lo que se ha agotado es una etapa, no una candidatura. Por cierto, la tendencia es más bien la contraria: la candidata se ha consolidado, y su campaña la está siguiendo algo retrasada. La derecha, como es obvio, está tratando de que se haga de todo un solo hecho que se acepte como verdad, y si tamaño desatino llega a ser creído, entonces se estará en verdaderos problemas.

Personalmente, me pone nervioso una campaña que, haga lo que se haga, las encuestas la siguen mostrando con inusitados niveles de apoyo.

Es demasiado bueno para ser cierto. Es demasiado inusual para ser durable. Lo que llega sin que se sepa cómo, se va sin que se sepa cuándo.

Este último período de campaña entrega el alivio de sentir que se está tocando tierra firme. Se tiene la reconfortante sensación de que lo que se hace, importa.

De pronto, los obstáculos aparecen, las resistencias se presentan, las maniobras oscuras se agazapan en los rincones menos iluminados del camino. ¡Bien!

Machistas en la clandestinidad

De manera que algo tiene que cambiar, pero no puede ser lo más fácil ni lo más delgado. Cambiar el comando implica creer que otros habrían hecho -hasta ahora- algo muy distinto, y eso no es verdad. No es sólo cuestión de acciones públicas, aunque se necesitan más. No es exclusivamente el número de involucrados, aunque siempre son bienvenidos los refuerzos. No basta con tener más presencia de los partidos. Es otra cosa. Se trata de adherir de verdad.

Nuestros dirigentes dicen que hay que empapar la camiseta. Pero para que esto suceda hay que tenerla puesta primero.

Más que una crítica, se trata de la constatación de un proceso. Y no hay nada de malo en la evolución que se está experimentando entre quienes se dedican a la vida pública. Estamos en medio de una transformación cultural profunda y estos son tránsitos que se realizan con temores, incertidumbres y debilidades. Si no fueran difíciles no valdrían la pena.

Los prejuicios no son “esas extrañas cosas que les ocurren a los demás”, más bien son esas habituales anteojeras con que hemos vivido por largo tiempo.

La magia existe, pero no da para tanto. Hubo un momento en que el respaldo a Bachelet era tan entusiasta y novedoso, que no se podía encontrar un solo machista confeso en todo el territorio nacional. Era bien raro, porque hacia pocos meses lo curioso era no serlo. ¿Alguien cree que la política esta hecha entre nosotros para facilitarle el acceso a las mujeres? Sería lindo que eso ocurriera, pero ese no es el Chile que conocemos.

Los machistas habían pasado a la clandestinidad. Pero extrañaban los buenos tiempos y, apenas se presentó la oportunidad, resurgieron. No es para menos. Es como si se hubiera dicho “todo aquel que tenga una duda, que lo diga ahora o calle para siempre”. Y es eso lo que aflora. No es el cambio de la intención de voto, es el titubeo. Algo que únicamente se cura mostrando confianza y entregando confianza.

Para decirlo de un modo muy brusco, injusto inclusive, y parafraseando el tema de campaña, no se trata de que “estoy contigo” por que vas a ganar. Se trata de cambiar de actitud. Es el “vas a ganar porque estoy contigo”. Algo se llama generosidad tiene que aparecer para ganar y para merecer ganar.

La derecha está mandando caballos de Troya, alimento para dubitativos y nerviosos. Mandará más presentes de este tipo. Lo prudente es que los troyanos devuelvan estos regalos tan sospechosos.