viernes, octubre 07, 2005

Estrategia de la derecha: con la pasión de la rutina

Estrategia de la derecha: con la pasión de la rutina

El camino más obvio es que Michelle Bachelet descienda esos dos puntos que le dan el triunfo en primera vuelta. Se pretende que ante una leve baja, la Concertación adquiera inseguridades y cometa errores.

La UDI ha decidido arriesgar agudizando las críticas en el entendido de que no tiene nada que perder; pero eso no es verdad. Está poniendo en riesgo lo que sigue después de la campaña.



La derecha sigue la meta planificada, sin convicción pero con disciplina. Centrada en los temas detectados en las encuestas, a falta de algo mejor.

Da la impresión de llenar el tiempo más que de ocuparlo con pleno convencimiento. Los candidatos presidenciales hacen lo propio agregando, como indispensable condimento, el emplazamiento a Michelle Bachelet a la menor oportunidad o buscándola del modo que puedan.

El ataque a la delincuencia es la estrella del momento, y el tipo de propuesta rápida y efectista, es la más socorrida.

Está claro que, a este respecto, importa más la persistencia en seguir la pista al tema estrella, que la lógica con que se argumenta. Al punto de que se acusa a Bachelet de no haber implementado este tipo de “soluciones” durante su desempeño como ministra de Defensa.

Pero, con todo, este tono en el debate no deja de presentarse con un toque de artificialidad, que no se le despega en ningún momento. No tiene ese grado de pasión sincera que caracteriza la auténtica defensa de opiniones. No es un debate aplicado a la campaña, sino que es la campaña tiñendo el debate. Y, como la competencia no es estrecha, la polémica es floja, aunque se le den ribetes de espectacularidad.

Por si fuera poco, importa mucho más la mantención de la polémica (y de ser posible, de agudizarla) que la búsqueda de auténticas soluciones. Esto se retomará el día después (de las elecciones, se entiende).

Pero, aparte del hecho de que el contexto nacional no acompaña bien esta forma de enfrentar el período electoral, lo peor para quienes la impulsan es que se confunde el intento por motivar un debate con la certeza de salir bien librado de él. Sólo se tiene el intento por centrar la discusión en una cancha que parece favorable. Nada más.

La UDI ha decidido arriesgar, agudizando las críticas, en el entendido de que no tiene nada que perder; pero eso no es verdad. Está poniendo en riesgo lo que sigue después de la campaña.

Sin embargo, en el fondo, está demostrando que adolece de lo mismo que le critica a la Concertación en su momento más difícil: “Se le han agotado las ideas”.

Por parte del Gobierno y la Concertación no es un mal escenario. Al revés, le simplifica la vida en forma considerable. Lo que consigue con ello es asumir una obvia posición de defensa de sus políticas ante ataques que no presentan matiz alguno y no asume responsabilidad por lo que ocurre en municipios que la derecha dirige, o que perdió recientemente por los magros resultados de sus gestiones.

El Gobierno está contestando en el mismo tono -aunque con mayor tino- con el que se le han dirigido las críticas. Es un tipo ideal de intercambio de golpes que le define nítidamente un papel, en un tiempo en que es importantísimo saber cómo actuar sin excederse, sin quedar en una actitud contemplativa y, además, sin ocupar el creciente espacio que debe ir llenando la candidata y su comando.

Este tipo de confrontación termina por ser un regalo para el comando de Michelle Bachelet, puesto que el decir que los delincuentes van a votar por ella porque les conviene pone en un punto insostenible incluso a los partidarios de Lavín. Esto, sin mencionar el hecho de que al atacar a Ricardo Lagos por “la falta de pantalones”, le está pidiendo a sus electores mucho más de lo que, en conciencia, pueden creer.

Tal vez hasta ese punto no lo puedan seguir los candidatos parlamentarios de la UDI, con lo cual se perdería, también, la fusión de intereses y de discurso que habían tenido hasta ahora.

Cuando triunfar es llegar a la segunda vuelta

Lo que se intenta, por parte de la derecha más dura, no es triunfar en la polémica, sino provocar un cierto desgaste en el contrincante. Las encuestas conocidas insisten en mostrarnos un escenario -porfiado por su persistencia- en el que la candidata de la Concertación supera, por un par de puntos, la mitad de las adhesiones.

Se quiere, pues, trasladar la frustración. ¿Cómo? El camino más obvio es lograr que Bachelet descienda esos dos puntos que le dan el triunfo en primera vuelta y que tan desmoralizados tienen a los opositores.

En este momento que la Concertación se presenta como imparable y la oposición como persistiendo en errores básicos.

En este cuadro, “forzar la segunda vuelta” es buscado por una serie de motivos: porque ¡algo hay que buscar!; porque parece alcanzable; porque les daría una sensación de recuperación y de falso ascenso; y, sobre todo, porque -esperan- resultará todavía más inesperado que con la elección de Lagos. Es decir, se pretende que ante una leve baja, la Concertación se desconcierte, adquiera inseguridades y cometa errores.

Como se ve, el problema (desde el punto de vista de la Concertación) no radica en el hecho mismo de que se pueda producir una segunda vuelta. Más bien el peligro radica en que el oficialismo sólo se prepare para ganar en la primera oportunidad.

Y aquí está, por cierto, el tema de fondo, que incidirá con fuerza en el ejercicio del poder en la próxima administración.

Para la campaña de Bachelet, la respuesta al ataque de la derecha es un asunto eminentemente práctico. Hay que motivar a los adherentes a ganar, y es eso mismo lo que se puede volver en contra si el resultado final en diciembre es “apenas” 49% de los votos.

Pero, en realidad, no existe un problema insuperable en motivar a los adherentes a ganar a la derecha, con remate o sin remate, más allá de que esto se pueda conseguir a la primera.

Si la opción que se presenta es política; si las diferencias existen; si la obligación es convencer siempre, una y otra vez; si lo que se busca es hacer una diferencia con la oposición y con el presente… entonces hay que estar preparados para ganar dos veces seguidas.

Entre diciembre y enero lo que puede darse es la distancia entre dos triunfos. La derecha no tiene un voto más en segunda vuelta. Al revés. Pierde votación y no poca.

Así que se puede ser la mitad más uno en diciembre o la más amplia mayoría de la que se tenga registro, en segunda vuelta. ¿Dónde está el problema?

Gobernar en tiempos de innovación

La Concertación no puede prepararse para un triunfo. Debe prepararse para hacer un buen Gobierno de cuatro años. De aquí hasta este término, hay que prepararse para que todo nos sirva con el propósito, a su vez, de servir mejor desde el ejercicio del poder.

Hay que llegar con equipos preparados; con programas de acción inmediatos definidos; con prioridades establecidas con realismo, pero con ambición suficiente como para establecer una diferencia, etc.

Si se tiene todo esto para diciembre, estupendo. Pero si no ocurre de este modo, bien puede ser una señal de que aún se debe seguir trabajando en el afiatamiento interno y en mejorar en la relación con los ciudadanos a lo largo del país. Puede ser una oportunidad envuelta en un disgusto.

Consolidar equipos es lo mejor que se puede hacer para estar seguros de ganar y, al mismo tiempo, estar preparados para gobernar en tiempos de innovación.