viernes, mayo 20, 2005

El inicio de las hostilidades

El inicio de las hostilidades



Tenemos una coalición de gobierno que enfrenta a dos candidatos, pero hemos dejado de tener dos alianzas en competencia. Una de ellas acaba de pasar a un estado de vida latente, sin aviso ni clemencia. Esto es decisivo: la presentación de dos candidatos elimina a la Alianza como actor presidencial. Quienes tienen candidatos son los partidos. Es esto lo que se decidió que predominara. El que era hace pocos días su abanderado y ahora es su rival, tendrá que acomodarse como pueda, no es problema del que toma la decisión.

Lo que le pasó a Lavín parecía simplemente mortal. Ha quedado a disposición del calendario que fija otro. Hizo el último emplazamiento que podía -realizar primarias- y se le ha contestado negativamente. Se ha definido que no se empleará el procedimiento que permite que una alianza gobierne, si no aquel que posibilita que un sector de la derecha se imponga al otro y, luego, se le de el trato de vencido.

La pregunta es si este era el único camino que le quedaba a RN. La verdad es que no. Había procedimientos para mantener la Alianza y competir con la UDI sin entrar en una disputa en que sus protagonistas saben que el juego es el todo o nada.

Miedo en Chile

Este es el camino de búsqueda del sometimiento. Lo que cambia es la dirección en que se intenta aplicar. Mientras fueron los más fuertes, era la UDI quien trató de esta manera a sus socios; ahora vino la anhelada vuelta de mano. Una reacción que viene de las vísceras predominó sobre la prudencia“ Ahora te toca a ti” corearon a voz en cuello en el Consejo General de Renovación, al momento de elegir a Piñera. Poco más se puede agregar para saber qué tenían en la cabeza al momento en que votaron.


Si buscaban en RN mostrarse coherentes con sus declaraciones y compromisos, hubieran levantado una candidatura sin dejar reducida la Alianza a un fantasma. Pero no quiso ni pudo, ¿por qué? Porque ha vivido la candidatura de Piñera como liberación. Una de las intervenciones más aplaudidas en el Consejo General fue aquella en la que un dirigente afirmó: “hemos dejado de tener miedo”, tras lo cual vino una ovación.

Para que una cosa así pase tiene que haber mucho resentimiento, frustración y humillación acumulados. Se explica por muchas cosas, pero no porque se actúe del modo que hay que hacerlo para llegar a La Moneda. ¿Hay que señalar lo obvio? Imaginémonos que Piñera llegara a triunfar, lo que ocurriría entonces es que RN y la UDI llegarían al Ejecutivo. ¿Qué clase de gobierno depararían cuando la mitad de los que llegan le tiene miedo a la otra mitad?, ¿qué queda para el resto?

En realidad lo que prepara es el crecimiento del miedo mutuo. Es el inicio de una guerra civil acotada a la presidencial, pero no menos cruenta. Cualquier apuesta responsable (que combinara apuestas personales con protección del conglomerado al que se pertenece) hubiera medido los riesgos antes del salto. Pero se optó por la imposición de los hechos consumados. El paso ha sido dado para someter a los tiranos de ayer. Si fracasan, lo que viene no son reconvenciones verbales, si no alguna de las múltiples penas que son la especialidad de la casa.

La pregunta que se despejará es ¿quién es, en verdad, el débil y el fuerte en la derecha? Las campañas parten por y con entusiasmo, pero se mantienen por entereza, coherencia y capacidad de resistir. Piñera es un Arturo Prat que salta al abordaje y regresa a la Esmeralda si las cosas no van bien. Pero si alguien más de la tripulación le acompañó, no están preparados para regresar. Quedarían librados a su destino, solos, mientras se les viene encima una turba, armada de todo menos de buenas intenciones, repitiendo a grandes voces una frase, conocida y fatídica: “ahora te toca a ti”. Claro, no pasará. ¿Y si pasa?

Me gustas cuando callas

Hasta ahora las precandidatas de la Concertación se enfrentaban al candidato de la Alianza, ahora ni hay Alianza a este nivel, ni hay un candidato ni se sabe qué características adquirirá el enfrentamiento entre ellos. Borrón y cuenta nueva. Limpiar la pizarra de los datos principales de los anteriores análisis. Pero no hay que dejarse contagiar por la derecha ni de euforia, ni de miedo, ni de desconcierto. Toca lo más difícil: mostrar temple para esperar. Confirmar la línea fundamental, seguir en lo propio, a la espera de evaluar juntos la evolución de acontecimientos que aún no se producen.

Los que dicen que hay que evaluar el nuevo escenario y se adelantan a dar por ganador a Piñera en la derecha, se contradicen. Los que piden cambios antes de saber si son necesarios y hasta convenientes, muestran gran torpeza. Los que sólo ven fortalezas en los otros y únicamente debilidades en casa compiten por un premio al desatino.

Reaccionar al primer impacto es imprudente. Se confunde la ansiedad con la realidad. Identifiquemos el buen camino: confiemos en la nuestras candidatas, hagamos que sean escuchadas. Cada vez que los comandos empiecen a hablar más que su candidata, van por mal camino y debieran autorecetarse el noble arte de guardar silencio.

Esperemos a que a los adversarios les den alcance sus errores y sus defectos. Si lo que más contara fuera el dinero, la Concertación nunca hubiera llegado al poder. Algo no cuadra cuando un partido reconoce que ha estado de rodillas y ahora quiere correr el maratón de un día para otro. Puede que Lavín esté lejos de ganar la Presidencia, pero no está lejos de superar a Piñera. Para salir de dudas hay que ver, no suponer.

El triunfo se llama consistencia

¿Qué despertó Piñera? Amores y odios intensos. Ahora viene una carrera hacia la Presidencia, pero es más y menos que eso. Es una lucha al interior de la oposición, donde se quieren saldar muchas cuentas. Puede que llegue un momento en que importe más enfrentarse al adversario cercano que la selección de medios para enfrentarlo... y ésta nunca ha sido demasiado selectiva.

Perder la iniciativa es un lujo que no se puede dar la coalición mayoritaria. Tras lo acontecido en la derecha, algunos consideran que lo que ha pasado es que la novedad se ha cambiado de bando y está en la derecha. Pero esta es una lectura superficial de los acontecimientos. Lo que se está volviendo novedoso es la consistencia en las acciones. El mantenerse en la línea que se prometió seguir. En que las encuestas no determinan si los compromisos se mantienen o no. Hay que esperar a que la derecha recupere la compostura antes de saber a qué atenerse.

Es momento de mostrar el contraste: la Concertación debe seguir siendo sinónimo de gobernabilidad y respeto a sus promesas y compromisos. Ahora es posible enfrentar a un conglomerado político en el cual los compromisos asumidos y las palabras dadas tienen un significado muy pobre. Pero para tener palabra hay que existir y eso es algo que, desde la oposición, de tanto en tanto se nos muestra que todavía no pasa.