viernes, junio 11, 2004

Guía para presidenciables

Guía para presidenciables


En la Concertación nadie se puede quejar por la ausencia de candidatos presidenciales: se van sumando a medida que transcurre el tiempo. La presencia de tantos que se sienten llamados a conducir los destinos de la nación es interesante, porque da cuenta de la cercanía de una etapa decisiva, donde no nos limitaremos sólo a elegir a un personaje para el principal cargo público.

No todas las candidaturas (o disposición a encabezar una) son iguales. Hay candidatos porque se lo piden o porque se presentan solos; porque aspiran al puesto o porque -en realidad- quieren otro; porque se lo pide el partido o porque al partido no le queda otra; porque es el tiempo justo o porque ya no queda más tiempo.

En fin, cada situación es diferente. Conviene dar un vistazo al panorama, para orientarnos entre tanto nombre en circulación.

Están quienes han llegado a una situación “presidenciable”, quiéranlo o no, simplemente por la opinión de la gente. Su primer problema consiste en contener el entusiasmo de sus adherentes, que poco saben de que “cada día tiene su afán”. El dilema de estas personas es decidirse a aceptar la representación que tienen a mano. ¿Aceptarán? Aunque parezca extraño a los involucrados, no todos quieren ser presidente. El que no quiere, ya ha informado que sus aspiraciones no van por ahí; los demás Los que no hayan hecho algo tan simple como esto, están en carrera.

Siempre existe quien, analizando sus propios méritos, llega a la conclusión que al país le convendría que él fuera Jefe de Estado. Aunque los demás aún no se han dado cuenta. Razón por la cual deben llamar la atención sobre sí mismos. Creen que los seguidores aparecerán apenas haga acto de presencia. Es efectivo que quienes se encuentran en esta situación suelen tener muchísimos méritos en diversos ámbitos. Pero los merecimientos no son permutables por opciones presidenciales. Por esto, suelen pensar que la vida es injusta. Tal vez lo sea. Pero, en realidad, no son verdaderas opciones.

También se puede llegar a candidato por la opinión de “los partidos” (o sea, de sus directivas o grupos influyentes). Esta es la opinión más desorientadora. Para poner un solo caso del pasado, se puede decir que Allende rara vez tuvo el apoyo mayoritario de su partido, y, si fuera por su organización, no hubiera sido candidato en 1970.

La vida cotidiana de un partido está muy marcada por muchas competencias entrecruzadas, tanto internas como externas. El tema presidencial es uno entre varios, pero no siempre el más importante. Pesa más asegurarse porcentajes de votación o cupos para el Congreso.

Donde los ciudadanos ven candidatos, los dirigentes suelen ver cartas de negociación. Tal cual suena: tener candidatos presidenciales permite disponer de “cupones”, una carta con la cual negociar. En la negociación municipal, por ejemplo, cupos de alcaldía fueron "canjeados" por otras.

Quien no tiene candidato presidencial, tiene menos "cupones" para jugarlos en la mesa de negociación que vendrá. Los partidos, por esto, no miran con mala cara tener más de un candidato… aunque no sea la Presidencia lo que buscan. En el proceso (o antes) el interesado empezará a verse cada vez más como senador y recibirá con alegría esta nominación.

Más de un presidente de partido o encargado de campaña estará tentado con la idea de ampliar la representación de su tienda en el Congreso, por lo que se verá tentado convertir todos sus "cupones" presidenciales en parlamentarios. Como los candidatos lo saben perfectamente, suelen estar siempre mirando con el rabillo del ojo a sus dirigentes partidarios, para evitar que los canjeen, por decirlo de alguna forma.

Otro factor que no se puede desconocer al momento de pensar en las candidaturas es el tiempo disponible por cada cual: hay quienes no tienen más posibilidades que ser candidatos ahora, y hay quien no se imagina a sí mismo sin poder. Ambas cosas sacan a flote candidatos.

Un gran número de dirigentes ha estado en la primera línea desde el inicio de la transición o desde la crisis de la democracia. Ahora les queda solo subir un peldaño o bajarlos todos con mucha rapidez. Sienten que no pierden nada con intentarlo. Por último, no sería la primera vez que los que llevan la delantera sufran tropiezos, y, entonces, emergerán los que siguen. O sea, ellos.

Si se tiene mucho tiempo por delante, ahora es el momento para empezar a jugar un rol destacado. Entonces, los “jóvenes" también tienen algo que decir. No será esta la última elección presidencial.

Además, hay que tomar en cuenta lo que le puede suceder con quienes están en los puestos más destacados del gobierno y que, de no mediar algo inusitado, volverán a ser ciudadanos comunes a plazo fijo. Se siente nostalgia por el poder aún antes de perderlo. Este síntoma suele presentarse al término del período de un gobierno. Pero sería un error confundir un proceso natural de adaptación a nuevas condiciones de vida con… una candidatura presidencial.

Para guiarnos entre los precandidatos, hay que empezar a hacer la resta. Dejar sólo a quienes despiertan adhesión por sí mismos; a quienes trascienden a sus partidos; y, a quienes están en condiciones de decidir que éste es su mejor momento, teniendo otras alternativas. Los demás “dicen que le hacen, pero no le hacen”, como sabiamente acota la canción popular.

Así, la lista se acorta bastante.