viernes, octubre 10, 2008

La rueda de la fortuna de gira contra la derecha

La rueda de la fortuna de gira contra la derecha

Víctor Maldonado

Así como se aclara el paisaje en la Concertación, se ensombrece el panorama en la derecha. No son pocas las personas que han notado una pérdida de vitalidad en la campaña de Sebastián Piñera.


Cuenta regresiva a la incertidumbre

Hoy, el mayor enemigo de la Concertación es la incertidumbre. Simplemente hay demasiadas posibilidades, demasiados prospectos de liderazgo con potencialidades a desarrollar, pero todavía no la convergencia encaminada a concretar esas posibilidades.

Cuando todo puede ser, lo que de verdad se termina por instalar es la duda. Y ese lujo no se lo puede permitir nadie.

Al contrario, lo que necesita el oficialismo es darse tiempo para trabajar en su recuperación anímica y programática. Ello implica que las incógnitas de un período largo han de ser despejadas de una en una. Como en la cuenta regresiva de un despegue.

Si había algo que pudiera producir el rápido destrabe del proceso completo de definición concertacionista era un paso a un lado de Ricardo Lagos. Por cierto no estamos hablando de absolutos. En el fondo de su alma, un político innato nunca deja de estar disponible. Es más, aunque haya tomado una decisión eso no implica que a él mismo le agrade. Pero lo que de verdad importa no es que Lagos tenga que repetir hasta el cansancio su opción básica. Lo decisivo es que quedan definidos los tiempos.

Los partidos se embarcarán en acuerdos, éstos definirán los calendarios, los calendarios arribarán a compromisos y estos compromisos se concretarán en un nombre. Todo esto es lo que se desencadenó en un breve lapso.

Ciertamente mucho puede suceder todavía. Pero hemos entrado en un tobogán en esta semana con tanta fuerza que las vueltas atrás son cada vez más difíciles de realizar.

El anhelo colectivo de despejar situaciones es tan fuerte que bastan pequeñas señales para cambiar los órdenes de preferencia.
Más todavía, es posible que el paso del tiempo sin tomar decisiones importantes hace que los aspirantes se empiecen a diferenciar mucho entre sí, según la determinación y la coherencia en la acción de la que se muestren capaces. En época de turbulencias, Hamlet nunca ha sido un personaje muy popular.

En realidad, no deja de ser sorprendente la rápida sucesión de acontecimientos: la Presidenta Michelle Bachelet pide que se llegue a la brevedad a un acuerdo de programa y candidato único; Lagos ratifica su definición inicial de no ser candidato (al menos, "aquí y ahora"), y el PS y la DC firman un acuerdo en tal sentido.

Una de dos: o ambos partidos aprovecharon la primera oportunidad a mano para establecer un curso de acción previamente establecido; o estas colectividades han sido muy sensibles al ambiente político y quieren reaccionar a tiempo para tener una opción ganadora en la presidencial. En todo caso, ambas opciones no son excluyentes.

La duda se cambia de casa

El cambio de escenario ya se produjo. Si hubieran existido titubeos, podrían albergarse dudas. Pero como nada de eso aconteció, entonces lo que ha pasado es que hemos terminado un capítulo y abierto otro casi en un mismo acto.

Por si fuera poco, así como se aclara el paisaje en la Concertación, se ensombrece el panorama en la derecha. No son pocas las personas que han notado una pérdida de vitalidad en la campaña de Sebastián Piñera. La idea de protegerlo de un posible revés municipal ha hecho que se cuide más en sus apariciones. Pero también los partidos han despertado a la defensa de sus intereses más propios. En especial las dudas parecen haberse anidado en la UDI.

En estos días, la dirigencia gremialista ha dado muchas señales de alarma y nerviosismo. De momento, lo que parece tener en la cabeza sus líderes es la competencia futura con sus socios, más que la contienda con la Concertación. Basta hacer un recorrido por la prensa para darse cuenta que el foco de atención en la derecha está allí. A lo menos es a lo que se le dedica más espacio y tiempo ante las cámaras.

Este clima nunca se puede dar en el vacío. En las temporadas electorales es cuando un partido dispone de más información sobre el electorado. Por eso es evidente que la alarma gremialista viene acompañada de algunos datos adversos. En concreto, eso significa que se detecta que la distancia con RN se está estrechando. De allí la alarma. La proyección parlamentaria de este giro no puede ser tranquilizante.

En otras palabras, estaría ocurriendo lo que tanto se le advirtió al gremialismo. Cuando la UDI se dejó tentar por la creación de un clima de conflicto y descrédito de sus adversarios, los demás advirtieron de inmediato que el desgaste no se detendría en sus destinatarios inmediatos, sino que alcanzaría a todos por igual. Lo que está por ocurrir es el efecto de una insensatez prolongada. Al final, el cazador terminó cazado en su trampa.

La crítica que realizan los ciudadanos es a la forma en cómo se hace política, y no sólo está dirigida a quienes gobiernan. El club de los electos por anticipado no es un grupo que concite simpatías.

Sigue siendo cierto un dato que la derecha conoce muy bien, pero no desea reconocer en público y que coincide con lo que ha dicho la Presidenta Bachelet en el aniversario del triunfo del No. La elección presidencial se empieza a definir "recién ahora". Y el tiempo de la resolución se inaugura con una victoria de la Concertación el 26 de octubre.

La oportunidad abierta

Las victorias se pueden aprovechar o desperdiciar, claro está. Se pueden ver las pérdidas antes que las conquistas. Se puede adoptar el punto de vista del adversario, consiguiendo una depresión segura; empezar a privilegiar las recriminaciones y las pasadas de cuenta justo cuando se necesita confluir en acuerdos importantes.

Puede que al comienzo la percepción de este cambio varíe poco a nivel de la opinión pública. Pero lo que sí va a modificarse (con lentitud pero en forma segura) es el estado de ánimo en la centroizquierda. De hecho, en este sector ya se empiezan a preparar los escenarios que siguen, considerando de manera creciente la posibilidad de ganar.

Es como si ya el oficialismo hubiera agotado todas sus reservas destinadas a deprimirse, a lamentarse, a dividirse y a desordenarse. En cualquier caso, lo que sí parece agotado es la oportunidad de cometer errores de gran envergadura.

Repito que la oportunidad está abierta. No hay que perder de vista que, luego del prolongado liderazgo de Piñera en la oposición, desde la campaña presidencial de 2005 hasta ahora lo menos que puede esperarse es que ello tenga un impacto positivo en su base de apoyo.

Pero, ¿qué tal si la derecha queda electoralmente pegada en su mismo porcentaje? ¿Qué sucede si recibe el apoyo de un porcentaje similar de chilenos que en 2004? La verdad, es que estaríamos ante un auténtico desastre.

Si un conglomerado es más en las municipales, es posible que también muestre que es más en las parlamentarias. Hasta ahora el país ha tenido gobernabilidad porque la dirige el conglomerado mayoritario. ¿Por qué la derecha ha de perder en todo y ganar las presidenciales?

No obstante, lo que podemos tener ante nuestros ojos es un claro descontento del electorado con todos a la vez. Algo que se expresa de manera difusa y que amplifica la dispersión electoral, pero que no deja de ser descontento.

Entonces, no basta con constatar las debilidades de la oposición. Simplemente, no hay forma de ganar la competencia presidencial sin mejorar en gran medida la calidad de la política que se practica. Porque antes de ganar, hay que merecer ganar.