viernes, octubre 31, 2008

Espacio Concertación, espacio de centroizquierda

Espacio Concertación, espacio de centroizquierda

Víctor Maldonado

Para aglutinar, la Concertación ha de ser ella misma un conjunto aglutinador. Un conglomerado que privilegia sacar concejales pero que pierde alcaldes no da el ancho. Ni por asomo han de parecer cuatro egoístas jugando póquer.


La moraleja

Hay que analizar la elección municipal en vista de los desafíos que vienen. En primer lugar, hay que decir que tanto la Concertación como la Alianza perdieron votación, y que Juntos Podemos quedó más o menos donde mismo.

Lo que ganó fue la dispersión. Muchos candidatos se agruparon en etiquetas que les dan un nombre común, pero tras lo cual no hay nada que aglutine más allá de los deseos personales de permanecer vigente en el escenario público. De manera coincidente, el número de quienes se abstienen de votar subió significativamente. El reencanto con la política sigue hoy más lejos que ayer. Hay en marcha un cambio generacional, pero que aún no llega al centro de la escena.

En segundo lugar, la Concertación eligió más concejales que alcaldes y esto quiere decir que predominó una lógica de partido más que de coalición. Significa, también, que se pueden dar votos cruzados; es decir, una misma persona puede votar por el partido que más los interpreta y por la persona que más le agrada, aunque sea del otro lado del arco político. Predominan personas por sobre etiquetas, y esto significa que en lo que viene todo puede pasar.

El oficialismo tuvo un revés alcaldicio inesperado explicable en la existencia gravitante de descolgados y errores políticos evitables. Pero la lección es más valiosa que los resultados: donde hubo revés no perdió la Concertación, perdió la falta de suficiente Concertación.

En el tablero de ajedrez cambiamos piezas mayores por peones. Entregamos centros de poder a cambio de números que se cuentan para los efectos de las negociaciones de los partidos.

Si uno analiza lo que sucedió evaluando a los dirigentes partidarios con la mirada de quienes cuidan mejor de sus intereses particulares, la valoración es positiva (al menos según su propia opinión). Pero si uno analiza considerando el reforzamiento colectivo de la coalición, en vista de preparar una elección presidencial, la evaluación es otra muy distinta.

Al momento de la autocrítica, hay que decir que tenemos muchos dirigentes partidarios y pocos líderes políticos. Faltan en lugares clave quienes estén dispuestos a sacrificar parte de lo que legítimamente puede alcanzarse maximizando al límite las opciones particulares, puesto que la casa común necesita el aporte constante de sus integrantes para existir.

Pero la detección del problema implica la identificación de la solución. Ha de existir un núcleo capaz de reconstituir la lógica del trabajo conjunto y de colaboración. No se trata de altruismo. Hasta el más pragmático puede llegar a la misma conclusión. Ocurre que, tarde o temprano, mi propio éxito queda en manos de mis socios. Si no he alimentado un comportamiento solidario no puedo esperar que lo que me espere sea el apoyo necesario en el tiempo justo.

La Concertación es una reserva de lealtades y visiones amplias que necesita volver a llenarse.

Atrapados en el pasado

Desde la elección municipal los acontecimientos parecen haber ganado un dinamismo extraordinario.

Al pasado no se puede volver por reciente que sea. De él se pueden sacar lecciones pero, como a una sombra, no se puede sujetar para evitar su partida.

Algunos encuentran que lo más significativo es el surgimiento de Chile Limpio. Esto no es exacto, porque junta una explicación dudosa como un hecho decisivo.

Lo que ha ganado carta de ciudadanía es la dispersión, la falta de disciplina ampliamente compartida. Han perdido fuerza los centros aglutinadores. Los independientes de los bloques se pueden presentar bajo la etiqueta que les facilite ser electos, pero son muy diversos entre sí. No son "una" realidad, sino un paraguas bajo el que cada cual es cada quien. Una familia es una comunidad de personas, pero quienes se desplazan juntos en una misma micro no lo son aunque estén uno al lado del otro.

No falta el que se ofrece para interpretarlos a todos, y quisiera ser visto como su guía. Pero hacerle caso no tiene ningún sentido. La clave del futuro es saber identificar el mejor camino disponible para ganar la elección presidencial. Y ocurre que no hay duda posible respecto de la estrategia a asumir.

En teoría hay tres alternativas posibles: buscar convencer electorado de derecha; crecer hacia la izquierda; y buscar apoyo en los más cercanos dentro de los dispersos e independientes. Buscar asegurar un buen resultado presidencial restando electorado de derecha no tiene viabilidad.

Buscar asegurar un buen resultado presidencial restando electorado de derecha no tiene viabilidad. En la campaña municipal, los candidatos de la Concertación que se consideraban a sí mismos como atractivos para este tipo de electores, y que jugaron a conquistarlo, fracasaron. No convencieron a nadie del otro lado y desilusionaron a sus electores "seguros", con lo cual perdieron y por mucho.

Crecer hacia la izquierda tampoco tiene sentido aunque por otra razón. Ocurre que, en segunda vuelta presidencial, el elector de izquierda -en su amplia mayoría- vota contra la derecha y, en este sentido respalda a la Concertación. Se pueden acercar posiciones, pero eso no es crecer.

La Alianza tiene un candidato fuerte, y por eso lo básico es evitar que gane en primera vuelta, y ello no se consigue con una integración formal de los sectores políticos que le hacen frente. Tal vez hasta sea contraproducente.

Lo que hay que hacer hacia la izquierda es ampliar los pactos. Contra la exclusión estamos todos a este lado de la cancha.

Pero el PC quiere tener espacio no para fusionarse con otros, sino para existir públicamente y hacer valer su punto de vista. Por lo demás, no hay que ofrecer lo que nadie está pidiendo.

Si excederse en un acercamiento y colaboración necesarios es un error, negarse de plano a una mayor relación lo es aún más.

Sólo hay una cosa peor que quedar atrapado en un pasado cercano: quedar atrapado en un pasado remoto. Los que rechazan el acuerdo con el PC, llevando esta opinión a algo cercano a los principios, no actúan por lo que ven sino por lo que recuerdan. Más aún, opinan según los prejuicios con que ven el pasado. Nada de esto tiene justificación hoy día.

Cribamos el trigo

El camino que queda por seguir no es, por tanto, el de mirar a un lado u otro sino el de concentrarse en la propia centroizquierda. Ocurre que hasta hace poco esta zona política se identificaba con la Concertación y hoy no es así.

Yo no creo que alguien que rompe la disciplina de la Concertación sea uno de sus integrantes. Es una contradicción en los términos. Pero sé también que no todo indisciplinado es por ello alguien de derecha. Sé que puede darse el caso de personas que se identifican con la centroizquierda y que, al mismo tiempo, se han distanciado de la Concertación.

Hay de todo: rebeldes, ofendidos, desilusionados, maltratados e individualistas. Pero cada caso es distinto y no se les puede dar un trato estándar. Se impone la necesidad de cribar, es decir de limpiar y separar el trigo de la maleza. El triunfo presidencial será un triunfo de la centroizquierda (es decir, de la mayoría política que confluye en un propósito común) o no habrá triunfo.

Si hemos logrado pactar con el PC y establecido una buena relación con este partido, no veo por qué no hemos de poder establecer grados de acercamiento variable y diferente en otros casos.

Hoy por hoy, la dispersión es ante todo un fenómeno concertacionista. Volver a aglutinar es indispensable. Pero para aglutinar, la Concertación ha de ser ella misma un conjunto aglutinador. Un conglomerado que privilegia sacar concejales pero que pierde alcaldes no da el ancho. Ni por asomo han de parecer cuatro egoístas jugando póquer.

Alegrarse porque en esta ocasión se trasladaron todos los costos a los socios es peligroso, prepararse para la revancha es mortal.

Sólo queda hacer de la política una actividad de colaboración en la competencia y de buen trato entre quienes comparten un proyecto nacional que construir. Y esto va más allá de la ingeniería electoral, que no es otra cosa que otra faceta de la tecnocracia, esta vez política. Un país no cabe en un recipiente tan pequeño.

Por eso, hacer una mejor política es una necesidad inescapable. En esta ocasión los triunfos tendieron a ser numéricos, pero las derrotas fueron políticas. El error es grande, por eso el aprendizaje de los errores ha de ser mayor para poder ganar.