viernes, julio 18, 2008

El poder y las expectativas

El poder y las expectativas

Víctor Maldonado

La oposición sigue donde mismo, casi no se ha movido. Lo que sí se puede comprobar es que la Concertación ha perdido posiciones y, junto con ello, una ventaja holgada como coalición.


La derecha y la boca del pez

El poder en política tiene dos componentes: el poder que se tiene en el momento y la expectativa que se tiene de mantenerlo o de disminuirlo en el futuro próximo. Así lo saben todos los líderes y las organizaciones partidarias.

De allí que partidos y dirigentes se preocupen tanto por demostrar que lo que hoy tienen puede ser acrecentado en la etapa que sigue. De lo contrario, perderían parte importante de su influencia, no porque estuvieran haciendo algo malo, sino porque se pensaría que, en poco tiempo más, las cosas cambiarían para peor. Y eso los afectaría en lo inmediato.

De hecho, las personas se empiezan a comportar de manera distinta con quien tiene un cargo apenas sabe que dejará de ocuparlo dentro de poco.

Así que el manejo de las expectativas es parte esencial de la tarea política. Es por eso que, en la Concertación, ahora no hay partido que se precie que deje de hablar sobre su candidato presidencial, o que no anuncie que lo tendrá pronto.

En la oposición también han aprendido del manejo de expectativas, por la pésima forma como las han encarado en el pasado. En la última elección municipal, la derecha informó de modo anticipado de un triunfo resonante. La única duda que tenían sus dirigentes y expertos era dilucidar si igualaría o superaría a la Concertación en número de alcaldes electos.

Cuando se conocieron los resultados, el efecto de la distancia entre los votos que se esperaban y los que se recibieron fue demoledor. Estrictamente hablando, los resultados (medidos en número de votos) no eran tan malos. Pero por la boca muere el pez y de la fiesta que no fue, se pasó al funeral que tampoco era. Ahora, saben que no les irá mal.

Pero, ya con más prudencia, han anunciado que esperan un amplio triunfo de la Concertación. Como eso tampoco puede pasar, lo que venga parecerá como bueno.

En realidad, la derecha no lo puede hacer tan mal como hace cuatro años. En esa ocasión habían cambiado las reglas del juego (se separó la elección de alcaldes y concejales) y eso facilitó de forma enorme las cosas para la centro izquierda. Además, la oposición se presentó dividida en muchos lugares y eso entregó ventajas adicionales.

Nada de eso ocurrirá ahora. La mayor parte de los municipios que la Alianza pudo perder, ya los perdió. Al presentarse unida, podrá recuperar lugares en los que es mayoría, y es ahora la Concertación la que tiene que defender muchos sitios, lo cual siempre es difícil.

En resumen, habrá interpretaciones para todos los gustos cuando se sepa cómo votaron los electores a fines de octubre, pero el estado de ánimo de la derecha no será malo. Todo por las expectativas.

El “efecto CEP”

De manera que está claro que los resultados electorales no hablan por sí solos. Y si lo que sucede en las urnas da para variadas interpretaciones, habrá que imaginarse lo que se puede decir de los sondeos de opinión.

La encuesta CEP tiene un reconocido prestigio. Por eso, la información que contiene tiene gran repercusión en el ambiente político.

Pero los datos son sólo datos. No resultan obvios de puro mirarlos, ni se relacionan entre sí de forma espontánea. Necesitan que se los reflexione para que nos digan algo más que lo evidente.

Por eso, lo que importa mucho es la interpretación que predomina al poco tiempo que los datos son entregados. Estas interpretaciones se relacionan con las expectativas y ya se sabe que éstas importan y mucho.

Así, por ejemplo, para la UDI está claro que lo que la encuesta "dice" es que "el país ya no quiere más Concertación"; para el oficialismo es "indudable" que la oposición está consiguiendo por menos grado de apoyo en mucho tiempo, por ser un dechado de errores acumulados.

Lo cierto es que cada cual puede "leer" los datos del modo que mejor beneficia a sus aspiraciones políticas.

Con todo, la tendencia resulta indesmentible. Ocurre que la derecha no se está moviendo hacia arriba en las encuestas. Si se compara la encuesta CEP equivalente a ésta, es decir la última conocida antes de la elección municipal pasada (julio de 2004), se puede comprobar que el candidato presidencial de la derecha obtenía el mismo nivel de apoyo que hoy obtenga Piñera. Se encontrará, además, que la derecha, como sector político, está peor evaluada ahora que en ese entonces y que ya para esa fecha era bajo.

La oposición sigue donde mismo, casi no se ha movido. Lo que sí se puede comprobar es que la Concertación ha perdido posiciones y, junto con ello, una ventaja holgada como coalición.

Lo que está por pasar

Convendría que en el conglomerado de Gobierno se preguntarán por qué ocurre esto. Talvez las dudas se despejarían si cayeran en cuenta del tiempo que hace en que no sale toda la dirigencia oficialista junta, hablando bien unos de otros, y proponiendo al país algo más que dudas, quejas o diferencias.

El secreto del éxito de la Concertación en la elección presidencial es la unidad. Sólo en conjunto los partidos de la Concertación son más que la mera suma de sus partes. Cuando sus candidatos son evaluados por separado, cuando la Presidencia se vuelve un asunto de aspiraciones personales, los representantes del conglomerado de centro izquierda llevan todas las de perder.

Pero no ocurre lo mismo cuando alguien se convierte en el representante de la Concertación en cuanto tal.

Eso sí, hay que dejar a la política lo que es propio de ella. Esto de que "la suma de la intención de votos" de los precandidatos de la Concertación den más que la derecha es un asunto estadístico. Que, de verdad, la centro izquierda se una tras una sola persona es otro cantar.

Porque, a la hora de la verdad, la suma de los derrotados no da un triunfador. La unidad tiene que verificarse en la práctica para que rinda frutos.

Pero lo que no se puede deducir de los datos conocidos es qué acontecerá con la elección presidencial. Nunca con tanta anticipación. En este caso, lo decisivo no es algo que haya pasado, sino algo que está por pasar.