viernes, abril 25, 2008

La oportunidad de la Concertación

La oportunidad de la Concertación

Longueira plantea que la derecha tiene una estrategia equivocada, que le impide ganar la presidencial, que este año experimentará un revés electoral, que una nueva mayoría no se ha consolidado aún.

Víctor Maldonado


Hablar desde el compromiso

LA CONCERTACIÓN Y el Gobierno están bajo ataque en busca de producir su desalojo. Se trata de algo más de lo que ha sido habitual en democracia. Constante y sin pausa se recibe una despiadada andanada de críticas y reconvenciones.

Esto pude ser todo lo duro que se quiera, pero es ya parte de la habitualidad. Más que una estrategia, la derecha ha adoptado una actitud más agresiva. Ya no se trata de que emprenda acciones previamente evaluadas en el conjunto de sus repercusiones, o de una planificación rigurosa y autorregulada.

A estas alturas se ha llegado a una cierta dinámica que a todos los arrastra en su inercia. Nos encontramos, entonces, ante un comportamiento recurrente que deberá ser considerado como un elemento estable de los próximos meses.

En vista de lo dicho, se puede esperar que los debates públicos ganen en emocionalidad y dejen cada vez menos espacio para los matices en la argumentación.

De manera que lo que queda por despejar es saber cuál será la actitud que asumirá la dirigencia de la Concertación ante este nuevo escenario en consolidación. Lo que se haga de ahora en adelante será un factor clave para explicarse lo que sucederá.

El punto básico no está en averiguar cómo opinan los líderes oficialistas respecto de los últimos acontecimientos, ni cómo ellos evalúan las actuaciones de tal o cual figura de Gobierno o al Gobierno su conjunto. Lo que importa es saber desde dónde es que opinan y se posicionan para opinar.

En la Concertación todo se empieza a ordenar desde el momento en que se usa el “desde dentro” y el “nosotros” para referirse a lo que está pasando. Por el contrario, la mayor evidencia de problemas en la coalición gobernante ha quedado patente cuanto se habla -desde el Gobierno en relación a los partidos o de los partidos en relación al gobierno- como quien mira todo desde fuera. Cuando se emplea un vocabulario ascético o crítico, exento de compromiso, se va por mal camino.

La derecha puede decidir cuándo y cómo atacar, pero es la Concertación la que ha de decidir cómo ha de defenderse. En esto no hay novedad ninguna. Ya en la antigüedad se decía -con razón- que “no son las murallas las que defienden a los hombres, sino los hombres los que defienden las murallas”. Así era y así es. Y este es el punto decisivo, porque la Concertación no está siendo atacada sólo por lo que hace, sino por lo que es y lo que representa.

Ante un escenario como el que vivimos se puede reaccionar de forma colectiva de la peor o la mejor manera. Buenos ejemplos de la actitud correcta se pueden encontrar siempre en todos los bandos políticos, y es bueno reconocerla cuando se presentan.

Un ejemplo de buen actuar político

Un ejemplo sobresaliente de buena política lo acaba de dar el senador Longueira. Éste ha hecho una explicitación pública de su posición en cuatro aspectos fundamentales.

En primer lugar, evalúa los errores de su sector político señalando que la derecha no gana jugando a la polarización. Lo que se logra -en su opinión- es entusiasmar hasta la euforia al 35% correspondiente a la derecha tradicional, pero no se consigue lo mismo con el porcentaje de la población que define una elección. De allí concluye que, por el camino que va, la oposición no está creciendo en materia electoral. Es, a su juicio, el personaje más criticado por la elite opositora quien, precisamente, consigue mejor evaluación como para ser candidato emblemático en la elección municipal. De allí que pregunte a su propio bando por qué creen que Joaquín Lavín es el único que hoy aparece con posibilidades de ganar la alcaldía de Santiago, siendo quien más se ha desembarcado de la estrategia del desalojo.

El segundo lugar, Longueira anuncia que a la Alianza no le irá bien en la próxima elección municipal. Esto porque el cambio del sistema electoral -en su momento apoyado por RN- ya consiguió, en 2004, que la derecha perdiera 62 alcaldías y, ahora, volverá a perjudicarla. Por eso vaticina que al final de año la Concertación estará nuevamente entusiasmada con sus posibilidades electorales.

En tercer lugar, el líder de la UDI afirma sin dudar que en el Senado no se ha constituido una nueva mayoría, que lo que ha sucedido es que el Gobierno la ha perdido, y eso debido sus propios errores. Del mismo modo, diagnostica que el manejo de la polarización ha estado y sigue estando en manos del Gobierno, porque es únicamente éste quien puede instalar un clima de entendimiento.

En cuarto lugar, el senador gremialista ofrece su apoyo para colaborar en la agenda de modernización del Estado, “aunque la oposición no quiera hacerlo” e, incluso, anuncia que presentará un proyecto de ley para que las acusaciones constitucionales requieran de un previo aviso, es decir, tengan que pasar con anterioridad por una interpelación; esto, para evitar excesos.

En resumen, Longueira plantea que la derecha ha asumido una estrategia equivocada, que le impide ganar la elección presidencial, que este año experimentará un revés electoral, que una nueva mayoría (tal como se ha presentado hasta hoy) no se ha consolidado aún y que es posible iniciar un nuevo trato de cooperación con el Ejecutivo a través de él y de Lavín.

Identificar y seguir el mejor camino

La entrevista ofrecida por el senador es notable en varios aspectos. De partida porque es capaz de identificar los errores de su propio sector, no con la finalidad masoquista de contemplar con deleite cómo las cosas van mal, sino para enmendar rumbos. En ningún momento abandona su posición de líder de la oposición, al contrario, ofrece un camino que le parece más apto para llevar a la derecha al poder. No está ofreciendo la cooperación al Gobierno para que al oficialismo le vaya bien, sino para poder mejorar su propia opción de triunfo.

Lo que hace es ofrecer una alternativa que le parece mejor para el país y para la derecha. El que habla no es un bacheletista-aliancista, sino un aliancista-aliancista. Su análisis es un análisis “comprometido”, en el sentido de que vincula un diagnóstico con la voluntad de producir cambios políticos en favor de la posición que asume como propia. Representa una apuesta política con sentido, hecha para guiar y conducir a un sector político, más allá de las dudas, los errores y las diferencias del momento.

Critica para construir, analiza las debilidades para fortalecer las posiciones de un sector, argumenta para ofrecer una opción viable aun cuando -lo sabe muy bien- le puede ir mal en el intento. Por eso digo que es un ejemplo de buen actuar político.

La derecha siempre ha tenido quien la advierta a tiempo de sus errores pero, a lo largo de casi dos décadas, siempre se ha ingeniado para cerrar los ojos y no ver las oportunidades que se le presentan. Siempre le ha resultado más atractivo el mensaje de sus fundamentalistas.

Álvaro Bardón continua diciendo, aún hoy, que “Longueira liquidó la opción de Lavín para dársela a Bachelet”, que estos líderes gremialistas “se apagaron por no atacar los errores e irregularidades izquierdistas”, que la derecha “sigue haciendo esfuerzos por perder”, lo que ya quedó demostrado en 2000 cuando a la oposición “alguien le vendió la idea de que no hay que ser confrontacional”. Hoy, claro está, se está enmendando el rumbo.

La derecha está desechando su opción más sensata, ¿ha de hacer lo mismo la centroizquierda? Todo lo contrario.

Si la Concertación se ha mantenido en el poder es porque, en los momentos decisivos, es la mayoría la que se aglutina tras la mejor alternativa política a disposición. El mejor camino a utilizar está claro: aglutinar mayorías para construir, y poner en debate las diferencias de fondo. Lo que hay que aislar es la insensatez, no la prudencia. Si se pone en práctica esta sana costumbre, el panorama se empezará a despejar a favor.