viernes, noviembre 17, 2006

Recuperar la compostura

Recuperar la compostura

Hay un momento en que la capacidad de absorber información sobre escándalos simplemente se agota o colapsa. Es posible que, dentro de poco, sea esto precisamente lo que empiece a ocurrir.

Víctor Maldonado


El camino del desgaste

LA DERECHA YA DECIDIÓ su mensaje respecto de la Concertación hasta las elecciones presidenciales: “Ellos deben dejar de gobernar porque se mantienen en el poder por corruptos”.

Más que apelar al reconocimiento del mérito propio, se trata del intento por descalificar el predomino del otro, basado en argumentos éticos.

Desde hace un tiempo, no ha dejado de trasmitir ese mensaje en todos los medios posibles y de todas las formas imaginables. Cualquiera sea el tono, se muestran como la alternativa obvia a una coalición desgastada.

Luego vendrá la aproximación positiva para lograr el mismo efecto, pero el mensaje base no se alterará.

Es una estrategia que busca conseguir sus objetivos por paciente y constante acumulación. Se está consolidando un marcado predomino de las muestras de agresividad, que ha ganado amplio espacio de expresión en las últimas semanas y que pocos parecen estar dispuestos a detener.

Pero está por verse el efecto que tendrá sobre cada uno de los actores una etapa de cuestionamientos cruzados, con ataques de todo calibre. Es en verdad ingenuo pensar que los que inician las hostilidades serán, justo por eso, los únicos a quienes no les llegarán réplicas de vuelta.

Por ahora, un resultado no esperado es la posibilidad cercana de saturar el ambiente con rapidez, precisamente por la andanada constante de denuncias de todo tipo, calibre y una verificación previa cada vez menor.

Porque no está para nada probado que incluir nuevas denuncias a una larga lista que no se detiene vaya a producir algún efecto mayor en la opinión pública. Hay un momento en que la capacidad de absorber información sobre escándalos simplemente se agota o colapsa. Es posible que, dentro de poco, sea esto precisamente lo que empiece a ocurrir.

En seguida, es también probable que los que terminen afectados por el desprestigio sean los políticos en general, no sólo los directamente aludidos. Es posible, entonces que la derecha esté siendo dañada por sus ataques. El prestigio de sus representantes en las encuestas está tan bajo o casi igual que antes.

En otras palabras, los opositores no están convenciendo que la desconfianza ajena debe convertirse en confianza en los cercanos. Para que se hubiera producido un efecto distinto se habría requerido, en el punto de partida, un prestigio mucho mayor del que podemos verificar en la realidad chilena.

Pero el mayor efecto del fuego cruzado no es el desprestigio, sino el progresivo grado de dispersión que se está alcanzando. Ha estado ausente una conducta de conglomerado en la Concertación o, por lo menos, de disciplina de partido.

Lo que más impacta es el estado actual de diáspora de opiniones y creciente beligerancia entre quienes antes se veían o consideraban socios, aliados o colaboradores. Esto ha terminado por hacerle perder la compostura a la derecha.

La derecha en su laberinto

Lo que hay que juzgar respecto de la oposición es si ésta se comporta como lo haría un conjunto capaz de dirigir el Gobierno y hacerlo mejor que la Concertación. Difícilmente la respuesta es positiva.

Así lo piensa la amplia mayoría de los chilenos consultados en todas las encuestas y la política no es el arte de poder hacerlo bien sin que nadie se entere, sino la posibilidad de convencer a la mayoría de que se ejercerá bien el poder.

Pero nadie tiene comprado el futuro hoy: lo que pase con los conglomerados tiene que ver con lo que cada uno haga hacia adelante, mucho más que lo ocurrido para bien o para mal en el pasado.

Hay quizá actitudes que deben ser penalizadas donde se presenten. En medio de una crisis aparecen los líderes que la enfrentan encontrando los puntos que pueden ser aceptables para todos o casi todos. En una pelea, lo fácil es pelear, lo difícil, terminar antes que el agotamiento termine con todos al mismo tiempo.

Los líderes que buscan soluciones se encuentran con los que buscan sacar provecho incluso de las crisis, logrando figuración, ampliando los focos de conflicto donde todavía no están, abriendo emplazamientos internos y empecinándose en cuestionar política y personalmente al que se ponga por delante.

A éstos se les puede identificar pronto: cuando hablan dan por hecho las acusaciones, no plantean solución alguna y emplazan a las autoridades de mayor prestigio intentando establecer una interlocución pública en su beneficio.

La derecha tiene estrategia, pero no tiene conductor. Todo apunta a la inflexibilidad, pero este camino lleva a una colisión en la que se pueden contar muchos heridos y en la que sobreviven los más fuertes.

Se desconoce de dónde la Alianza sacó la idea de que en la confrontación completa ella resulta la más fuerte. De la fiscalización pasa a la confrontación. Entrar en eso no tiene sentido. Lo que se pierde en el predominio unilateral del conflicto son los objetivos originales.

Lo que ocurrirá no es que la derecha juzgue al Gobierno, sino que la ciudadanía dará su veredicto sobre ambos. El final puede ser una sorpresa para los que iniciaron las hostilidades.

Terminar con las vacaciones

En la Concertación, se ha entrado en un período de complejidad amplificada, producto del conflicto interno en el PPD. No es para menos, porque la característica más visible, reconocida y aprobada de este partido ha sido su proximidad a los termas ciudadanos. Lo de el “PPD te defiende” era más que un lema: era una declaración de principios y la forma cómo se quiere ser visto y juzgado.

Como otras veces, en la virtud está el defecto. Lo mismo que hace fuerte a ese partido puede ser un punto débil: su estimación de la diversidad, el pluralismo, la falta de estructuras rígidas y directivas.

Por eso, cuando la DC entra en crisis, se divide en dos; cuando el PS entra en crisis se divide en el número equivalente al de sus grupos internos, pero terminan por aglutinarse en opciones centrales. Cuando el PPD entra en crisis, la fragmentación puede ser mayor.

Afectado en una parte medular a la propia definición de fondo como partido, era natural esperar una conmoción profunda. Pero es muy sorprendente el efecto de contagio que ha tenido el problema, focalizado al inicio, en los demás partidos. También la coalición de Gobierno ha perdido la compostura. Cada cual ha tomado unas especie de vacaciones de su disciplina partidaria, siempre difícil pero siempre presente.

En contraposición, es un hecho indesmentible que la Presidenta Bachelet ha resistido bien los ataques a la Concertación y al Gobierno.

Si las encuestas no fallan en verdad su apoyo se ha ido consolidando. Ya no se puede decir que esto sucede “pese” al conflicto, sino precisamente por el modo activo y directo con que ha actuado.

Los ciudadanos, en su mayoría, se convencieron que, no importando cuán grave crean los hechos, la actuación presidencial exhibe a una líder en verdad preocupada en erradicar los abusos presentados, que no pretende ocultar nada y que aparece tomando decisiones que efectivamente impiden la ocurrencia de situaciones semejantes.

La Presidenta hizo una invitación a la derecha a enfrentar en conjunto el tema de la corrupción. La respuesta ha sido el rechazo. Recuperar la compostura es volver a alinear a la Presidenta con las direcciones partidarias ante su adversario común. Sé que suena básico, pero no es mi culpa se haya vuelto necesario repetirlo para que no se olvide.