viernes, agosto 13, 2004

El candidato del “casi”

El candidato del “casi”


¿Qué tan bueno es tener un candidato que “casi” gana? La respuesta es: nada de bueno. Sobre todo cuando se sabe que ésta es la mejor oportunidad que le queda. Eso es lo que muchos en la derecha están sintiendo que empieza a suceder con Lavín.

Por cierto que el comando del abanderado opositor está sumido en un típico microclima donde las preocupaciones son otras. Allí todo parece girar en torno a obtener una mayor cercanía con una sola persona.

En los comandos se hace muy vivida la posibilidad de encabezar un gobierno. No es para menos cuando se habla de lo mismo el día completo. Eso genera efectos muy explicables a nivel humano. Así, por ejemplo, donde la opinión pública ve únicamente un candidato, en un comando se ven ministros, subsecretarios, equipos políticos. Los microclimas son, por definición, limitados, y, dos pasos más allá, las preocupaciones son muy diferentes. Aun dentro del mismo sector político.

Mientras más intereses se cuiden y más pragmático se es (como es el caso el empresariado más moderno), más desapasionados son los análisis, y mayor preocupación existe por prepararse para todos los escenarios posibles.

Ese es el problema de no ser considerado ya como una carta segura. Un casi presidente no se cotiza en el mercado al valor que tenía antes. En el mundo de la política como en el de la economía, algunos se interrogan si sus intereses se ven de verdad representados por una alternativa, cercana en lo ideológico, pero nada de segura en lo político.

En efecto, no está claro para nadie que el populismo sea una buena compañía, ni a la corta ni a la larga. Mientras el candidato se mantiene como tal, muchos parten por conceder que adopte medidas populistas, a fin de aumentar sus posibilidades de ser elegido. Pero cuando las ofertas o anuncios populistas se suceden unos a otros, finalmente hasta los partidarios del inicio se empiezan a plantear dudas de fondo.

Si ahora, ante la sola posibilidad de ser elegido el candidato está dispuesto a ceder posiciones, ¿por qué habría de rectificar cuando alcance el poder? Si el populismo lo llevara al poder ¿por qué habría de abandonarlo cuando esté en el poder?

Cuando se empieza a sospechar que es probable que la llegada del personaje cercano pudiera significar que se agreguen problemas adicionales a los existentes y ningún avance sustantivo, entonces ocurre lo que está ocurriendo: que el comando podrá estar muy entusiasmado, pero que pocos lo acompañan en este sentimiento.

Lo más importante en una elección no es lo que ocurre con los más cercanos, sino con los indecisos. En Chile, como en otras partes, son los indecisos los que deciden. Además, a los “indecisos” les gusta mantenerse así hasta muy próximas las elecciones. Pero, hay aspectos que les atraen y les disgustan de los candidatos. También les piden cualidades distintas según el momento que vive el país.

El más importante problema de Lavín estriba en que está perdiendo atractivo entre los indecisos. Tal vez esto le ocurre por dos factores diferentes: por lo que ha dejado de ser y por lo que sigue siendo.

Las figuras políticas más atractivas para chilenas y chilenos (dejando aparte a Lagos) comparten ciertas características comunes: se diferencian del resto porque se mantienen como figuras cercanas y accesibles (no “guardan las distancias” sino que las acortan); pueden hablar con propiedad sobre temas cotidianos; y consiguen ganar credibilidad y apoyo realizando sus tareas habituales.

Las figuras públicas atractivas para los ciudadanos son comunicadores natos, pero lo primero que trasmiten no son conceptos, sino una mezcla de naturalidad y solvencia en la acción. Si no me equivoco, no hay ninguna figura de las mejor evaluadas cuya dedicación central sea la administración de organizaciones políticas o que esté centrada en la polémica de coyuntura.

Pues bien, progresivamente Lavín se acerca a la imagen de un político en su versión tradicional. No obstante, este es un fenómeno muy lento porque la anterior imagen pública llegó a estar muy consolidada.
Prueba de ello es que el actual alcalde de Santiago sigue siendo considerado como un solucionador de problemas de empleo y de seguridad ciudadana, lo que no es poco decir.

Lavín se quiere presentar a sí mismo como el mismo que casi fue presidente y ahora puede serlo. Más que madurar, Lavín se repite. Lo que una vez fue novedad ahora es la reposición del recuerdo.

Demasiado poco para un país que ha cambiado tanto. Lo que se le exige a un presidente hoy tiene como trasfondo lo que se ha visto día a día en Lagos.

Hay una vara para medir las pretensiones de quienes quieren encabezar la nación. Cada vez que enfrentamos una crisis, nos imaginamos como reaccionarían. Del abanderado de derecha se puede decir algo que suena a crítica, pero que es precisamente como él desea ser visto: como el mismo de antes, en un país que no es el mismo. Mala apuesta para alguien que tal vez termine siendo recordado como aquel que dos veces casi fue presidente.