viernes, julio 23, 2004

¿Cuándo le llegará el cambio a Lavín?

¿Cuándo le llegará el cambio a Lavín?



En la presentación oficial de sus candidatos a alcalde, Joaquín Lavín esbozó las ideas que guiarán a sus representantes en cada comuna a fin de llegar a La Moneda. Dijo que la alianza electoral opositora es capaz de dar al país un gobierno “distinto” y que la Concertación estaba en cuenta regresiva. “Dieciséis años es mucho tiempo, lo que ya no se hizo en 16 años ya no se hizo”, aseguró.

¿En qué consiste el cambio? Sencillo para Lavín: “compromiso a mil contra la delincuencia, contra la cesantía y contra la corrupción”. Esto se expresaría en un trabajo cercano a la gente, adoptar sus prioridades con transparencia y con honestidad.

La derecha quiere que sean estos temas los que se discutan durante los próximos meses. Con esta aproximación, cumple con focalizar el discurso en pocos elementos, uno de los requisitos importante en cualquier campaña. Pero ¿tienen razón sus dirigentes en la cuestión de fondo que planean, es decir, si la Concertación no tiene nada que ofrecer al país? Recuérdese que la idea básica del candidato Lavín es que la Concertación no da más de sí, no es capaz de solucionar problemas y que, por lo mismo, lo mejor que le puede ocurrir a Chile es que no tenga continuidad.

Para que esto pueda tener sustentación se requiere que el país haya mantenido los mismos problemas durante los gobiernos de la Concertación, y que lo único se le ocurre es repetir la respuesta. Aquí está la mayor debilidad en el planteamiento de la derecha, porque lo que se puede constatar es que la Concertación, en cada uno de sus gobiernos, ha ido cambiando los desafíos del país.

Aylwin recibió un país en la incertidumbre. Se trataba de consolidar la democracia y convertir a la dictadura en un recuerdo. Contaba con la legitimidad de las urnas, con una alianza mayoritaria de gobierno, y con la voluntad nacional de consensos básicos para reconstituir la convivencia dañada.

Los problemas de Chile eran avanzar en la normalización democrática; dar tratamiento al tema de los derechos humanos; mantener los equilibrios macroeconómicos y el crecimiento, e iniciar la conformación de una red de protección social para los más desprotegidos.

Aylwin tuvo éxito. Lo que antes eran los problemas, pasaron ahora a ser el piso de lo que vendría.

Frei recibió un país marcado por el optimismo. Se trataba de modernizar la nación en múltiples aspectos. Contó con una normalización democrática muy avanzada y un reconocimiento explícito de las deudas del pasado. Tenía, además, un acuerdo básico sobre el modelo económico a implementar; y, ahora, con una red de protección social en expansión.

Los problemas de Chile, en ese momento eran iniciar las reformas en educación y en justicia; dar un fuerte impulso al desarrollo de la infraestructura nacional e iniciar las negociaciones para los tratados de libre comercio.

Frei tuvo éxito. Los problemas cambiaron y se tuvo que enfrentar una fuerte recesión internacional. Pero el piso del país era notoriamente otro.

Lagos recibió un país más próspero, pero que quería equidad, tolerancia y pluralismo. Para lograrlo ha contado, además de lo reseñado, con el indudable impacto de una red ampliada de protección social y con el efecto que tienen las reformas en curso.

Los desafíos de Lagos han sido ejecutar las reformas ya en curso, añadiendo la relacionada con salud; llevar a buen término los principales tratados comerciales (con EE.UU. y Europa, entre otros); iniciar la modernización del Estado de forma sistemática, y poner un énfasis en los temas culturales y valóricos, que han pasado al centro del debate nacional.

Lagos está teniendo éxito. Sus logros serán el piso del próximo Presidente.

El Chile de hoy está a una enorme distancia del dejado por la dictadura. El prestigio internacional de nuestro país es tal que la última gira del Presidente no se condice con el tamaño de la nación, dado la cantidad de alabanzas y de reconocimiento recibidos.

Pero la oposición dice que los problemas de Chile son la delincuencia, la cesantía y la corrupción. Concedámosle todo.

Aceptemos que estas sean las grandes preocupaciones nacionales. Ahora midamos la distancia: Es la delincuencia, no es el crimen, como en el pasado; es la cesantía, no la miseria y la pobreza que la dictadura dejó; es la corrupción como conducta reprochable de algunos -que sólo pueden esperar pagar por sus delitos-, no es la corrupción encubierta, el robo tapado, los bienes públicos privatizados por el gato a cargo de la carnicería, como en el pasado.

Los problemas no desaparecerán porque alguien diga que sus extraordinarios talentos y habilidades los eliminará como por encanto.

La afirmación de Lavín se puede dar vuelta por completo: si en 16 años la Concertación ha sido capaz de enfrentar y resolver tantos problemas de primera magnitud, ¿por qué no podrá hacer lo mismo con los que hoy preocupan a los ciudadanos?

El puro discurso debe empezar a confrontarse con los hechos: ¿son más efectivos los planes de seguridad de los alcaldes de derecha o los del gobierno?, ¿alguien cree que las perspectivas económicas son malas para el futuro inmediato?, ¿algún pinochetista quiere decir algo sobre corrupción?, ¿hay dos opiniones sobre como comportarse frente a cualquier corrupto?

La Concertación se ha caracterizado por innovar y dar respuestas nuevas. Cuando Lagos entregue el poder, Chile habrá consolidado un cambio de fondo: será más diverso, más tolerante y más complejo. ¿Qué permanece igual? Sólo Lavín, que repite lo mismo desde hace años. No se renueva. ¿Cuándo le llegará el cambio?