viernes, septiembre 14, 2007

Monumento al candidato desconocido

Monumento al candidato desconocido

La directiva gremialista debió buscar un camino intermedio. No lo hizo o no pudo. Por ahora ha conseguido es debilitar las reducidas posibilidades propias.

Víctor Maldonado


Ese importantísimo asunto sin importancia

LA DERECHA BUSCA seguir adelante, dando por superados los problemas que no ha sabido resolver. Espera dejarlos atrás mediante el recurso de darlos por inexistentes, simplemente porque se deja de hablar de ellos.

Sin embargo, lo que queda en evidencia, por el empleo de estos subterfugios, es que su experiencia en construir acuerdos sólidos es bastante limitada.

Porque eso que puede ser olvidado sin dilación son los conflictos originados de discrepancias políticas, pero las diferencias que rozan lo ético no tienen guía de despacho rápida.

La disputa por la autoría de la reforma laboral es de tono menor en lo formal, pero no humanamente hablando, para quienes lo vivieron. Es el aprovechamiento individual del trabajo colectivo, una señal nefasta para lo que sigue. Si esto se hace ahora, con lo poco que se tiene, ¿qué seguirá después? Ha tenido razón Pablo Longueira en alarmarse, pero se aprecia como una costumbre partidaria el dejarlo solo.

Allamand parece creer que estas cosas se pueden dar por cerradas de manera unilateral. No es así: ha quedado una duda sobre el tipo de comportamiento aceptable entre socios. De lo que se lamentan en la oposición es del efecto que el episodio parece tener en la Alianza, pero del episodio mismo se pretende salir sin aclaraciones, disculpas o rectificaciones. ¡Qué reacción tan mediocre!

Si actúan de este modo, ¿cómo van a evitar que se les repita en situaciones análogas?

Las nuevas generaciones gremialistas son pragmáticas y están dispuestas a olvidar todo lo que no se ajuste a la mantención del trabajo conjunto. De más está decir que, entre el olvido y la queja amarga, hay algo más que vacío. Pero eso no ha importado ahora.

Está más que claro que la renovación generacional en la UDI no quiere fortalecer al principal líder histórico, ni incluso para alinearse circunstancialmente tras él por un reclamo justo.

Hasta tal punto se han deteriorado las relaciones internas en el gremialismo que ya no se comparten ni las respuestas colectivas básicas. Lo que venga ahora será de mayor calado; porque cuando nadie protege las murallas de defensa, los ataques se multiplican. Puede que todos se sientan muy astutos, pero al abandonar a uno de los suyos, lo que están haciendo en el partido es llamar a la desgracia, que siempre llega donde la llaman.

Nada de esto tiene aún expresión electoral. En política, los efectos de la falta de amistad sobre la organización no son nunca inmediatos. De momento no se nota porque cada líder importante está implementando su estrategia para sostener sus bases de apoyo. Pero lo que sí se puede constatar es que juntos pesan menos. La UDI parecía un gigante y ahora un atado de enanos refunfuñantes, más apiñados que unidos.

Es evidente que lo que ha mermado es el liderazgo y que la conducción colectiva brilla por su ausencia.

Las verdaderas opciones

Es interesante el papel que ha empezado a tomar Joaquín Lavín, en especial ante el estilo de conducción de Sebastián Piñera.

Mientras el empresario-político no logra tomar vuelo al tratar el asunto como el que mencionamos (habló de “dispararse a los pies” y del peligro de abortar la opción de Gobierno por “conflictos de envidias, egos o incomprensiones”), el ex alcalde le pidió a la Alianza “generosidad, unidad, no más personalismos y trabajo en equipo”.

Son dos estilos completamente diferentes. Uno adopta el vocabulario del mismo conflicto que quiere superar, el otro pone en la mira de los contendientes un punto de llegada común.

Pero además Lavín está colaborando con el Gobierno en el Consejo de Equidad, afirmando que éste es el modo de hacer política moderna. Es decir, se está moviendo con argumentos de bien común.

Para los que sólo cuentan los cálculos electorales, nada de eso tiene importancia. Como siempre, se equivocan. Porque la coherencia en política sabe permanecer, mientras que los que sólo saben de éxito salen de escena apenas este parece abandonarlos.

Fuera de las decisiones de trinchera, la actitud de Lavín implica una actitud política que no se satisface con la simpleza de plantear un “desalojo”, una propuesta confrontacional y negativa. Colaborar no es antagónico a proponerse como alternativa de Gobierno. Ahora incluso puede considerarse un prerrequisito, exigido por los ciudadanos desde que hay democracia

Así que la falla de la derecha es de la calidad de la política que practica y no se debe a algo que la esté afectando desde fuera.

Por eso se puede decir que no es efectivo que el problema de la UDI sea el de carecer de candidato. Mucho más exacto es decir que el gremialismo está fracasando en la capacidad de apoyar a una o un candidato, todos juntos y con la generosidad suficiente, por parte de varios, de posponer sus ambiciones. El problema no es que no tiene una figura posicionada, es que no se conduce de un modo en el que pueda posicionar a alguna figura.

Está esperando que del transcurso del tiempo surja una solución y eso no tiene mayor sentido.

Donde los lleve la marea

La UDI sabe que está tratando mal el tema presidencial. El itinerario oficial (hasta después de las elecciones municipales, dejándolo todo nada menos que para abril de 2009), se está evidenciando como irreal. Elegir ahora un abanderado únicamente dejaría claro que Longueira ha tenido razón desde el principio.

La decisión adoptada significa que la UDI está renunciando a la definición de una estrategia presidencial partidaria, es decir compartida. Deja lo que ocurra a la libre iniciativa de los precandidatos.

La directiva gremialista debió buscar un camino intermedio. No lo hizo o no pudo. Por ahora -hay que recordarlo- lo único que han conseguido es debilitar las reducidas posibilidades propias y empezar a girar en torno a Piñera, algo en lo que ya se han adelantado un grupo de alcaldes más pragmáticos.

Con eso, queda en el peor de los mundos, porque deja suficiente espacio como para que se construya un monumento al candidato presidencial desconocido; le quita cualquier posibilidad de competencia real (alguien que empieza desde abajo necesita disponer de espacio para marcar presencia); y, sobre todo, deja la sensación de que no está marcando el escenario político, sino que queda librado al ritmo de la marea que lo arrastra.

No vamos a decir que la directiva está mostrando una gran imaginación al definir cronogramas. Peor aún, lo que de verdad estará haciendo es monitorear la evolución de la candidatura de Piñera para saber si tiene techo en 45% (como se piensa) o si puede iniciar un declive anticipado. Quiere actuar sobre seguro y de esta actitud nada bueno puede esperar.

Se sigue intentando el camino lateral antes que la definición de reglas del juego oportunas, asumidas y conocidas por todos. Por eso, la UDI se está debilitando y eso se nota desde fuera. Piñera se reúne con alcaldes de la UDI en la semiformalidad y, con esto, más desordena que ordena la relación entre los partidos.

En estas ocasiones la oposición, sin querer, realiza reconocimiento de modo oblicuo. El senador Jovino Novoa, ante la imposibilidad opositora de solucionar los conflictos procesándolos de una manera adecuada, hizo el siguiente comentario: los “roces son más en la Concertación, pero ellos los manejan mejor”. Frase corta, pero no sus implicancias.

En realidad, no es sólo eso: hay más roces, hay más partidos, hay más decisiones que tomar, hay más responsabilidades que asumir. Y, sin embargo, y en perspectiva, el desempeño es mejor en el oficialismo. Es como dice Novoa, sólo que él no sabe todo lo que está diciendo con pocas palabras.