viernes, enero 19, 2007

Los desplazados

Los desplazados

Pese a todo lo bueno, el oficialismo está teniendo un punto débil cada vez más notorio. Este se encuentra a nivel de su elite y tiene que ver con la imposibilidad de repartir poder real en un grupo excesivamente estable que se ha vuelto cada vez más grande, más heterogéneo y menos innovador.

Víctor Maldonado


Retomando el diálogo

Con lentitud, la Concertación se está poniendo en movimiento, pero camino a enfrentar su crisis. Reunirse para debatir los problemas comunes parece un procedimiento obvio a emplear. Pero realizar lo atinado y oportuno no es algo sencillo de poner en práctica. Cuando se empieza a hacerlo, parte de la solución se ha puesto en marcha. Esto siempre coincide con volver a juntarse para reflexionar. Ahora, en enero, se retoman estas instancias -antes cotidianas- donde el debate conjunto es posible.

Los puntos de encuentro han sido los centros de estudio, que han organizado dos o tres reuniones importantes durante este mes. Las conclusiones, hasta ahora, se pueden resumir en que lo central es sacar adelante la agenda oficial; que el objetivo común es lograr la mayor democratización política y social; que se requiere superar los actuales problemas internos. Una afirmación decisiva se ha realizado en cada encuentro: La Concertación no se ha mantenido en el poder por sus defectos y por la mala conducta de algunos, sino por el aporte al país que ha hecho, por el servicio público bien hecho de muchos y pese a las caídas de algunos.

Esto es algo que se necesitaba. El conglomerado de Gobierno debe partir afirmando que no es un experimento fallido, una experiencia agotada, un acuerdo político sin norte o una simple alianza de intereses mezquinos.

Que el oficialismo, luego de 16 años en el poder, requiera de una reafirmación tan básica debiera ser sorprendente. Sin embargo, algunos elementos de un diagnóstico compartido nos pueden ayudar a entender lo que está pasando.

En la centroizquierda se percibe que el escenario ha cambiado y no en la superficie. Hay una voz de alerta, y es que ahora se puede constatar una menor identificación de importantes sectores sociales con la Concertación. No es que hayan transferido su apoyo a la derecha, sino que están pasando a ser, de un modo más conciente, críticos respecto del conjunto de la oferta política disponible. Este sólo hecho permite verificar una falla consistente en la capacidad de elaborar respuestas políticas.

Coincidentemente, los partidos de la Concertación constatan el predominio de una estrategia confrontacional en la derecha. Es este es el rumbo que ha escogido para ganar la próxima elección presidencial, a lo menos hasta antes de la recta final.

Parece claro que a la Concertación le hacen falta nuevos mecanismos para procesar diferencias. Probablemente no existan más o menos divergencias que antes, pero están siendo resueltas en menor grado, en menos oportunidades y con mayor retraso.

Posiblemente no se ha explicitado con igual claridad, pero es evidente que la oposición dedicará una parte importante de su esfuerzo a “invitar” a sectores del oficialismo a pasarse a sus filas. Esto no tiene nada de extraño porque Piñera lo intentó en la ocasión anterior y, ahora, nuevamente el candidato es el mismo.

La novedad está en que en esta ocasión, la invitación es doble: a la DC y a los liberales del oficialismo. El punto de mayor disputa es la amplia zona entre ambos conglomerados.

La elite ociosa

De manera que la Concertación ha tardado en reafirmarse como opción válida y predominante, al tiempo que observa un deterioro público de la actividad política y el empecinamiento opositor en sostener una ácida crítica. Por si fuera poco, algunas figuras conocidas están saliendo de sus filas, a lo menos, de uno de sus partidos en específico. ¿Por qué tanta demora en reaccionar?, ¿qué es lo que falla en un período donde no se enfrentaban tantas dificultades?

Porque si la falla no es programática (los compromisos asumidos por Bachelet, son una fuente de unidad), si el Gobierno cosecha un creciente respaldo, y si las direcciones políticas de los partidos están legitimadas, ¿entonces, qué?

Pese a todo lo bueno, el oficialismo está teniendo un punto débil cada vez más notorio. Este se encuentra a nivel de su elite y tiene que ver con la imposibilidad de repartir poder real en un grupo excesivamente estable que se ha vuelto cada vez más grande, más heterogéneo y menos innovador.

Parte importante de las dificultades concertacionistas tiene que ver con la imposibilidad de ocupar, al mismo tiempo, a toda su elite. Más aún si entendemos por tal a aquellos que han ocupado puestos principales en alguna de las administraciones. Esto no ocurre por simple egoísmo, sino con la simple imposibilidad de dar satisfacción a tanto anhelo de estar -en forma simultánea- en la primera línea.

Si se mira con atención, se verá que las figuras que pasan de la disidencia interna a la crítica, que ya no reconoce fronteras dentro de la Concertación, son figuras con dos características simultáneas. Son personalidades desplazadas por otras del primer plano, que, además, se han dado cuenta que no tiene la posibilidad de ser protagonistas principales en el actual esquema. Proyectados al porvenir, lo que ven es una lenta pero persistencia de decadencia de su figuración política.

Si alguien no se contenta con este destino, es ahora cuando debe reaccionar. Es esto precisamente lo que han estado haciendo. No es improbable que otros hagan lo mismo. De hecho, la primera señal de que esto pudiera producirse, no se relaciona con acontecimientos partidarios o de la coalición que hayan derivado en conflicto. Lejos de eso, lo que hemos visto son declaraciones que motivan un conflicto, buscado ex profeso. Han impactado tanto, porque “no estaba pasando nada”.

A veces se reconoce el error, pero por uno que lo hace hay otro que ocupa su lugar. De todas formas, se mantiene dentro de aquellos que vuelven a la portada de los diarios (o de los cuerpos políticos, más bien) por sus declaraciones incompatibles con un mínimo de adhesión a un proyecto común.

Nadie tiene tanta elite

Pero, ¿por qué aparece este fenómeno ahora? Desde luego, porque se han ido acumulando efectos que llaman poderosamente a la renovación de la clase política. Al menos, tres son importantes: el simple paso de un largo período de tiempo; la aparición inicial de las generaciones de reemplazo; y, la incorporación rápida de las mujeres a los puestos de dirección.

En una palabra: en política se reconoce de inmediato a quienes tienen temor por la nueva situación a la que se ven enfrentados, porque son los mismos que dicen y esperan que la aparición de las mujeres en el escenario político sea un “veranito de San Juan”. Y estos, de seguro, no son pocos.

La Concertación está enfrentando una crisis, que es también de personas, pero que se viste de crisis de proyectos y de actitudes. Una de las maneras de calibrar lo que pasa es contar y recontarse. Nos encontraremos con sorpresas. Algunos de los que llamamos líderes solo tienen sustento medial, pero no pisan terreno firme. De otro modo se propondrían ganar representación partidaria o popular y no están haciendo nada de eso.

El sistema político chileno necesita un remezón. Hay mucho de rutina para un país que ha cambiado tanto. Pero los cambios fuertes requieren de motivos de fondo, mucho tiempo y más generosidad todavía. Es mucho más fácil que este esfuerzo lo realice en forma sistemática la Concertación y los partidos. Al menos, tienen la mejor oportunidad para intentarlo.

2 Comments:

At 4:50 p. m., Anonymous Anónimo said...

VICTOR : SOLO SE LEE EL TITULO ,NO SE LEE MAS

 
At 11:14 p. m., Blogger Unknown said...

NO LOGRÉ ACCEDER AL ARTÍCULO
ALFONSO PÉREZ DE RENCA

 

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