viernes, abril 24, 2009

Cuando la Presidencia se aleja

Cuando la Presidencia se aleja

Víctor Maldonado

El entorno de Piñera demostró ser una corte cercana de incondicionales, preparada para la eventualidad de ganar pero no para afrontar la adversidad. La dirigencia política está, pero no pesa en lo cotidiano y eso se paga caro. Y eso que no entramos en la etapa dura.


El error como costumbre

Refiriéndose a las críticas recibidas de Sebastián Piñera por la forma en que su hija salvó la vida, el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, dijo que "hay ciertos límites que no se traspasan fue cruel, bajo". Al decir esto, quería significar que existe una frontera ética que los adversarios en política respetan aun cuando sus posiciones sean muy encontradas. Se trata de una demarcación difícil de precisar en conceptos, pero que todo el mundo entiende que existe cuando se produce una transgresión manifiesta.

Queda por verificar qué tanto pesa en el juicio ciudadano un error coyuntural, pero muy demostrativo de una manera de ser. Hay ciertas acciones que calzan con la imagen que los chilenos y las chilenas tienen de su Presidente, y otras que simplemente no logran ajustarse. Estoy convencido de que este episodio será gravitante en el futuro próximo.

Pero más allá del aspecto valórico, en lo que todos concordarán es en que también existe un cierto límite a la cantidad de errores políticos que puede cometer un candidato, sin que logre exasperar a moros y cristianos.

Piñera está demostrando una gran regularidad en cometer errores. Todas las semanas nos regala con alguno nuevo, de forma metódica y sistemática.

Y no se trata de errores inducidos o de trampas puestas hábilmente por sus adversarios. Se trata de caídas que se producen sin estar bajo presión inmediata o en una situación de estrés particularmente acentuada. Acontecen en ambientes controlados y en territorio amistoso.

Cuando todos en su comando monitorean los ataques que pueden provenir de fuentes del oficialismo, he aquí que el abanderado se dispara solo, no le avisa a nadie y tarda una eternidad en corregir torpezas. Justo los problemas provienen del punto donde menos se espera, donde más cuenta el tiempo y la reacción de equipo y donde hay que saber jugar de memoria.

Cuando acontece una patinada de proporciones, cada hora cuenta para encontrar un curso de acción aceptable y conocido por los principales voceros de la campaña. En este caso, lo que quedó patente es que nadie de los cercanos se imaginó que el candidato pudiera llegar a tan evidentes desatinos, que mucho menos hubo alguien que pudiera reaccionar (si no a tiempo, al menos apenas se pudo), que -a lo más- la dirigencia política partidaria guardó un respetuoso silencio en el peor momento y, para rematar, que el primero en decir que es lo que había que hacer no era ni siquiera del comando, sino que era de la UDI.

En otras palabras, el entorno de Piñera demostró ser una corte cercana de incondicionales, preparada para la eventualidad de ganar, pero no para afrontar la adversidad. La dirigencia política está, pero no pesa en lo cotidiano y eso siempre se paga caro.

Y eso que no entramos en la etapa dura

En síntesis, lo que acaba de quedar en evidencia es que Piñera es un candidato débil acompañado de un entorno endeble. Piñera es un candidato al que le va mal en los buenos tiempos; cuando lo que se quiere es progresar, predomina lo individual y lo que se valora es el tipo de persona que parece encarnar el éxito.

Pero no está resultando un abanderado que encarne la capacidad de enfrentar la adversidad, con temple en los malos momentos y capaz de encontrar con habilidad la salida en los atolladeros.

Hay que decir que cuando Piñera enfrenta problemas, casi siempre logra agravarlos.

Tal como reconocen sus propios partidarios, es el tipo de persona que comete errores por apresuramiento. Todas sus caídas se relacionan con reacciones personales, desatinos evidentes que no pudieron ser detenidos por nadie de su entorno. Porque éste es un candidato que no acepta que nada obstaculice la ejecución de sus inspiraciones.

Con él no hay ningún sistema de alerta que funcione, porque cuando suenan las alarmas, él ya viene de vuelta de cometer un desaguisado.

Curioso, muy curioso. Sobre todo porque el año pasado conspicuos personajes, como Andrés Allamand, nos informaban sobre una notable mutación en la personalidad del empresario-candidato. Se nos decía que ahora estaba más sereno, que escuchaba más y que tomaba en cuenta la opinión de los demás.

Ahora está claro que este comportamiento no tenía nada que ver con un cambio profundo. Se trataba de una reacción refleja de una etapa particularmente favorable para sus pretensiones. Pero estar tranquilo y relajado en tiempos de calma no tiene ninguna gracia, lo importante es mantener la serenidad en plena tormenta. Al parecer ésa no es la especialidad de la casa.

Pensemos ahora un poco hacia adelante, para que los acontecimientos no nos sorprendan del todo.

Nunca tanto en tan poco tiempo

Nos acercamos al período más difícil del año. El paso entre otoño e invierno es siempre aquel en que los gobiernos tienen sus más notorias bajas de popularidad. El desempleo está aumentando. El Ejecutivo ha abierto la puerta para que lo investiguen cuánto y dónde quieran, lo cual es una invitación que no dejará de ser atendida por la oposición, los medios de comunicación, los grupos de presión y cualquiera especializado en áreas de su interés.

Me atrevo a pronosticar que el Gobierno hará frente a momentos difíciles en emergencias, en seguridad, desempleo, conflictos sociales, investigaciones de variado corte, y que saldrá bien librado.

Como ya sucedió antes, la Presidenta fijará el rumbo en mayo para la última etapa y los equipos de la administración la seguirán (con mayor o menor efectividad) en su dedicación a las prioridades.

Creo que sucederá porque enfrentar problemas, sufrir pérdidas, remontar situaciones complejas y experimentar altibajos es parte del diseño político que se tiene. Se dispone de un liderazgo que mantiene el rumbo. Los errores se comenten pero nadie es tan desatinado para ponerlos en el centro del debate.

En otras palabras, en el oficialismo existe más confianza en la tenaz persistencia en implementar su estrategia y ejecutar un plan de acción que en la búsqueda ilusoria de cualquier golpe de suerte. Subir o bajar en las encuestas tiene una importancia subordinada, porque la acción colectiva tiene un sentido compartido que las explica.

Para el Gobierno es también una excelente noticia la constitución del comando de Frei, que resulta ser novedoso y atractivo para electores menos politizados. A partir de ahora empezará a existir un centro de interés nacional que canalizará el debate político de campaña.

Hay que aclarar de inmediato que el panorama se ve menos prometedor para Piñera. Primero que todo porque, aunque parezca raro, habiendo partido hace tanto tiempo como candidato ahora aparece como retrasado si se lo compara con el avance de la Concertación.

Pero hay algo más que importa tener en cuenta. Y es que no interesando cómo le vaya al Gobierno, cualquier alza en las posibilidades de Frei y, sobre todo, cualquier estancamiento de Piñera o descenso en las encuestas de mayo y junio, terminarían por sumirlo en una especie de depresión política.

Puede que estemos todos equivocados, pero una baja de varios meses acumulada haría pensar en una derrota presidencial al final del camino. Lo pensarán los partidos y aunque seguirán apoyando en lo formal, se volcarán a la contienda parlamentaria y con ello sellarán el destino de Piñera.

¿Demasiado pronto para saberlo? Puede que sea así, pero en cualquier caso, le pido que se plantee esta pregunta: ¿recuerda usted un candidato que se haya equivocado tanto en tan poco tiempo?