viernes, junio 05, 2009

CEP o no CEP, ésa es la cuestión

CEP o no CEP, ésa es la cuestión

Víctor Maldonado

Hace poco se sacó la imagen de la desubicación. Un personaje casi desconocido visita a otro personaje perfectamente desconocido afirmando que mantendrían diferencias que a nadie interesan, pero que ahora las comentarían internamente.


¿Como estamos por casa?

En política hay que concentrar la atención en el objetivo central más que en ninguna otra cosa. Y en cualquier caso, hay que dedicarse a mejorar el propio desempeño antes que a interrogarse sobre la suerte de los demás.

Para realizar este tipo de acciones efectivas, lo peor es esperar algún acontecimiento externo para evaluar con la mayor objetividad las propias acciones.

Los que se encuentran a la espera de la encuesta CEP para tomar decisiones están cometiendo un error de bulto. ¿Por qué la guía de nuestra acción ha de estar en los números cuando ya se tienen identificadas las definiciones clave a adoptar?

Los datos decisivos ya se conocen: Sebastián Piñera estancado pero arriba; Eduardo Frei sin crecer al ritmo esperado; Marco Enríquez-Ominami mejor posicionado de lo que se esperaba y los demás ubicados entre el testimonio y el acto de presencia.

Que los porcentajes sean algo más o algo menos puede que consiga poner una nota de dramatismo acentuado o disminuido, pero no implica un cambio sustantivo. ¿Para qué esperar entonces? La cuestión determinante no es la encuesta CEP, sino lo que ya sabemos que pasa.

Dado esto, lo que puede alterar el cuadro actual es la practicidad que impriman en sus acciones algunos de los candidatos. En particular, quien tiene el deber de reaccionar con fuerza es Eduardo Frei. Creo que se puede decir que la candidatura de la Concertación se encuentra en un momento decisivo, incluso más que las otras, puesto que ellas no han de variar un curso de acción que les acomoda.

En el caso del senador DC, este período es particularmente importante no por los resultados de alguna encuesta ya hecha o por hacer, sino porque, al interrogarnos si la organización de la campaña cumple con todos los requisitos como para dar lo mejor de sí, hay que contestar que aún no se encuentra en esa condición.

Es ahora cuando vale la pena ser frío, descarnado y sincero en el análisis, porque es cuando se está a tiempo -quizá justo a tiempo- para producir un giro.

Por supuesto, no hay que perder de vista a Piñera. Éste sigue ocupando el primer lugar. Pero no consigue aún consolidarse como mayoría absoluta, ni en primera ni en segunda vuelta. Eso es lo más importante a considerar, porque significa que puede ser derrotado. Más aun cuando una parte de quienes apoyan al empresario también apoyan a Bachelet, y si llegaran a pensar que ambas cosas no se condicen entre sí, más de algo podría cambiar.

Las pruebas del comando

Como sea, el caso es que Piñera no se ha movido en meses de su sitio, y es eso lo que ha motivado los movimientos más significativos de su campaña en el último tiempo. Cuando el camino no es el del crecimiento propio, la alternativa es procurar el decrecimiento ajeno. Y a juzgar por el despliegue comunicacional que se le da a Marco Enríquez-Ominami, ése ha sido un camino escogido por la derecha. Pero eso no importa tanto, puesto que es la conducta políticamente esperable por parte de la oposición. Como se dice entre nosotros, "están haciendo la pega".

Lo que hay que interrogarse es si, desde la Concertación, se está haciendo todo lo posible y al alcance de la mano para mejorar la opción electoral de la centroizquierda. Esto implica a lo menos tres cosas.

Primero, que el candidato está dedicado casi a tiempo completo a ganar apoyo, estar en terreno y emitir mensajes con impacto en la mayoría ciudadana. Todo ello, sin distracciones y siempre a la ofensiva.

Segundo, que en el comando están todos los que tienen que estar, cada cual está en el puesto en que más aporta, y que se trabaja con espíritu de cuerpo, asegurando que el único que destaque es el candidato único.

Tercero, que la dirección de los partidos y su militancia se encuentran plenamente integradas al propósito común, se les reconoce y valora, al tiempo que se van incorporando nuevos elementos de refresco que abren la campaña a sectores importantes afines.

Cuando estos tres aspectos se logran se nota siempre. Se consigue que los adherentes identifiquen las ideas básicas de la campaña, cada adherente encuentra algo que hacer y se expande la sensación de que, si bien no es posible saber si se va a ganar o no, lo cierto es que "nos merecemos ganar". Sinceramente, no estamos todavía en esa condición, perfectamente alcanzable por lo demás.

Adaptarse al candidato

Todos nos reiríamos si Enríquez-Ominami se las diera de estadista o intentara imitar a Frei. Sería patético porque se traicionaría a sí mismo. Con virtudes y defectos, no cabe duda de que entre su personalidad y su campaña hay una correspondencia que le otorga verosimilitud a su presentación pública. Es lo que es y se presenta como tal.

Igualmente puede cambiarlo todo a su alrededor, pero debe seguir siendo fiel a quien es. Si es serio y parco, si se le reconoce experiencia y honestidad, si despierta más seguridad que entusiasmo, pues bien, así es como ha de presentarlo su campaña. Su programa puede ser novedoso, pero debe apostar a ser creíble. Cualquier otra cosa no tiene asidero.

El mecanismo que aún no ajusta es el comando. Falta más izquierda, faltan más mujeres, falta más conducción experta. Frei es un buen candidato, pero no es seguro que pueda ser un buen jefe de su propia campaña y su campaña necesita de un jefe.

Por otra parte, las líneas paralelas alimentan la competencia y las desavenencias. Y eso no le sirve a nadie y se cometen errores gruesos. Hace poco se sacó la imagen de la desubicación. Se pudo ver a un personaje casi desconocido visitando a otro personaje perfectamente desconocido afirmando que mantendrían diferencias de las que a nadie le interesa enterarse, pero que ahora las comentarían internamente. ¡Y todo esto con publicidad y con representantes de un mismo comando! En otras palabras, se necesita más trabajo, y menos vanidad.

En fin, se puede decir que desde los partidos y la Concertación se está en condiciones de aportar más de lo que la dirección central de la campaña puede, de momento, absorber.

Actuar ahora

Todas las campañas tienen un momento de quiebre, de crisis y de reconstitución. Es natural partir con buena voluntad, las mejores intenciones y muchos deseos de hacer cosas. Al inicio del proceso siempre se encontrará un grupo de amigos y entusiastas capaz de dar inicio a una opción presidencial.

El problema radica en que esto nunca ha sido suficiente para lograr la meta. Si el traje le queda chico a una opción, tiene por destino crecer a la altura de las circunstancias o de perecer en el intento.

Y la verdad es que los amigos no bastan para nada, porque el mundo "es ancho y ajeno", como ya se sabe desde hace mucho tiempo.

Es el despertar del entusiasmo lo que conseguirá mejores posiciones en las encuestas, no al revés. Por tanto, no hay que esperar a nada para enmendar rumbo. Para el que va segundo, el tiempo es más valioso que para el que va primero, porque necesita hacer todo lo bien que hace el adversario y más todavía.

Por eso hay que actuar ahora.