viernes, febrero 06, 2004

Un corto y poco ardiente verano

Un corto y poco ardiente verano

Que se logre la continuidad de la conducción en lo cotidiano es obra de un buen equipo de trabajo y de quien lo dirige. Ese es Insulza.



Arte propio de la política es reaccionar justo y a tiempo. Una de esas cosas que no se compra en la farmacia y que caracteriza a los estadistas y a los mejores líderes. Porque para cualquiera es posible una temporada de éxito en la vida pública. Tanto que puede llevar a confusiones al tomarse por permanente algo que es pasajero. Claro que estas nunca perduran por largo tiempo, y lo que no se debe al mérito sino a las circunstancias, pronto queda develado.

Se pueden trabajar bien los medios de comunicación, se puede realizar correctamente la tarea del día o llamar la atención por participar en algún acontecimiento. Y se obtiene un cuarto de hora de popularidad.
Pero algo bien distinto es mantener una línea de acciones consecuentes y mostrar con regularidad el uso acertado del criterio. Los políticos no se hacen en un día ni se lo juegan todo a una sola derrota o a la victoria del momento, al contrario, son los que más aprenden de sus errores y por eso lleva un tiempo que se formen.

Por esto, son de temer estos días en que en los principales puestos políticos quedan reemplazantes a cargo “del negocio”. Es el momento en que algunos quieren destacar, en pleno verano, aprovechando que se tienen los micrófonos a disposición. Mal momento para buscar protagonismo. Hasta ahora nadie ha logrado hacerse famoso en vacaciones y eso ha de ser por más de algo. Se puede decir que el mejor reemplazante es aquel que se ha notado menos y no al revés.

En lo que dice relación con las declaraciones, son varios los que han descubierto las enormes ventajas de no reaccionar a la primera y, en todo caso, en no sobre reaccionar, y, muy en particular cuando una coyuntura aparece como especialmente grave.

Lo ocurrido con la UDI con el caso Spiniak pasará a ser un ejemplo como para ser citado en los textos de estudio. No obstante tratarse de un partido con fama de conocer los secretos de la comunicación mediática, parte de su cúpula cayó en uno de esos errores garrafales que los lanzó en un tobogán de equivocaciones sucesivas.

La UDI reaccionó a la vieja usanza; es decir, intentado acallar un rumor golpeando fuerte al primero que asomara la cabeza. En ocasiones anteriores, todo volvía a “la calma” casi de inmediato. Pero más de algo ha cambiado en el último tiempo: hay una creciente disminución de los temas tabú en nuestra sociedad. Las personas se han acostumbrado a ver a sus líderes políticos, de opinión o de cualquier tipo, como a otras personas corrientes, que tienen la responsabilidad de informarles y darles cuenta de sus actos. ¡Hay de los que se creen con privilegios que los hace merecedores de tratos especiales!

Si revisamos los casos más conocidos de los últimos años, encontraremos que no hay un abuso de autoridad que haya dejado de significar un alto costo a quien incurre en esta falta. Pues lo propio le ocurrió a la UDI, porque después de su ataque “para amedrentar” se dio cuenta que no había intimidado a nadie. Peor aún, había atraído a los medios de comunicación como la miel a las abejas. De tener un problema había pasado a tener un abanico de ellos. Sin poder cambiar su actitud inicial, quedaba cada vez más fuera de contexto y le prodigaba diarios dolores de cabeza.

Pero, las lecciones se aprenden también por esta vía dolorosa. Finalmente los gremialistas lograron refrenar sus incontinentes verbales, lo que les permitió recuperar la calma y empezar a hablar cuando se debía y hasta donde se debía hablar.

Ahora se puede apreciar que, cuando ocurren novedades en los tribunales, como la llamada a declarar del diputado Girardi, casi no se encuentran declaraciones que no sean prudentes entre amigos y detractores. Cada cual espera poder pisar sobre terreno más seguro antes de comprometerse en una agresiva línea de acción.

Con tanto ejemplo reciente, a los reemplazantes de verano les debiera quedar claro que hay que acercarse a los micrófonos y a las cámaras con cierta prudencia. Por lo demás, este verano será corto. Enero tuvo cara de mes normal y marzo requerirá que se le prepare los últimos días del mes.

Pero que tendremos intentos de polémicas veraniegas, las tendremos. Es tanta la calma que los medios llegan a conmover en sus intentos de armar polémica de la nada. Estos son días en que lo “novedoso” es lo que dejó de ocurrir.

Como dijimos, sin duda el mejor reemplazo es el que no se nota. El que logra dar la continuidad y dirigir a un amplio equipo humano sin tropiezos. Por eso es tan importante para el gobierno la permanencia de José Miguel Insulza en el ministerio del Interior. Tal vez el mejor elogio que se puede hacer de él es que para nadie es tema cuando el Presidente sale del país. No porque “de lo mismo” sino porque en la práctica “es lo mismo”, es como si estuviera al haber alguien que lo representa con oficio. La casa está bien cuidada.

Que se logre la continuidad de la conducción en lo cotidiano es obra de un buen equipo de trabajo y de quien lo dirige. Ese es Insulza.

Ciertamente nadie es imprescindible. Pero hay mejores y peores momentos para dejar un cargo. Y entrar en un año electoral desordenando el “frente interno” es una de esas malas ideas en horas de insomnio.

Pero esta, como se ve, es típicamente una noticia de vacaciones. Se trata de algo que no ocurrió. Insulza no va a la OEA. La noticia es que no hay novedad. Algo que agradecen los que no quieren ver perturbado su descanso. Después de todo, se trata de un corto y poco ardiente verano.